EL PEOR VIAJE DE MI VIDA

El peor viaje de mi vida ha terminado Fantástico !!, con unos variados y entretenidos relatos. Los más votados han sido :

Primer lugar : Nª5 «Una nueva oportunidad» de Bibiana Milesi

Segundo lugar : Nª9 «El peor viaje de mi vida?» de Ana Cash

Felicitaciones a las ganadoras!!!Y sin más, solo agradecer que todos sigan ahí, escribiendo, leyendo, les dejamos los comentarios generales a :

Gemma Herrero Virto, a quien le agradecemos muchísimo compartir su experiencia. Nos regala un comentario de cada relato, el que les llegara por email . Y estas son su palabras en general.

Antes de nada, quiero agradeceros que me hayáis permitido leer vuestros relatos y aportaros mi opinión y unas pequeñas recomendaciones. Espero que ninguna de mis críticas os ofendan, ya que yo considero que toda crítica constructiva sirve para crecer y que, como escritores, siempre estamos aprendiendo.
El nivel general de los relatos me ha parecido muy bueno. Ha habido ideas muy diversas contadas con estilos muy diferentes, lo que ha hecho muy amena su lectura. Os animo a todos a continuar escribiendo, ya que se ve que hay mucho para contar dentro de cada uno de vosotros.
Os recomiendo por último que cuidéis la puntuación y la ortografía. Es nuestro deber como escritores ofrecer al lector el mejor producto posible y es una pena que esos pequeños errores ortotipográficos desluzcan los textos.
Felicidades a todos y cada uno de vosotros por los relatos presentados.

Esta es Gemma y sus publicaciones:

Nací hace una pila de años en el País Vasco y me pasé la infancia y parte de la adolescencia leyendo. Me licencié en Psicología y trabajé en un montón de sitios en los que me aburría muchísimo y en los que no encajaba, por lo que no solía durar más de un mes en ningún trabajo. Hace ya casi tres años, tras ser elegida finalista en el Premio Literario Amazon, decidí intentar vivir de la escritura y, por suerte, sigo pudiendo hacerlo. Como soy mi propia jefa, no me peleo con nadie ni dimito ni nada (al menos de momento). En cuanto a mis obras, tengo ya 18 novelas y 2 libros de relatos publicados.

BIBLIOGRAFÍA
Saga ¿Tú me ves? (Terror/Fantasía urbana/romance):
• La maldición de la casa Cavendish
• Carpe diem
• El susurro de los condenados
• El regreso de Sarah Ellen
• Roanoke
• Croatoan

Serie Caronte (Policíaca):
• La red de Caronte
• Suicidios inducidos
• Los cadáveres blancos
• Reflejo mortal

Trilogía Viajes a Eilean (Fantasía):
• Iniciación
• Arcanos
• La ley de lo triple

Otras novelas:
• Ojo de gato (Thriller sobrenatural)
• Zhilan (Aventura/Thriller)
• Los crímenes del lago (Terror/Fantasía urbana)
• VenganZa (Género Z)
• Olvida (Novela negra/Thriller sobrenatural)

Relatos:
• Trece sombras
• Detrás del velo

Solo nos queda revelar a quien pertenece cada cuento. Hasta la próxima!!!

Y a ver si activamos el foro!!!!! Te invitamos a participar para dudas sugerencias, hablar del tema, recomendaciones….!!!!

RELATOS

1- CANTOS DE SIRENA de Pilar Sebastían, Castro Urdiales.

Marisa y yo nunca fuimos tradicionales para los viajes, ir Punta Cana o Benidorm  jamás nos sedujo, somos aventureros, buscamos vacaciones auténticas.

Era el sueño de nuestra vida, navegar en un velero lejos de tierra, viendo los días pasar a través de la inmensidad del océano. Las noches en cubierta con una copa de vino brindando con la luna.

Ahorramos durante cinco años y al fin lo conseguimos. Travesía de  Barcelona a Lisboa, quince días, sin escalas, con un capitán y dos  marineros. Camarote de popa para mayor intimidad. ¡Qué felicidad!  Seríamos testigos de la fusión del Mediterráneo con el océano, saludaríamos dos continentes.

Mi entrada al velero fue patética, me caí todo lo que soy de largo. Ponerse en pie no era fácil teniendo en cuenta que el suelo se movía de forma caprichosa. Las pastillas antimareo que nos recomendaron no conseguían pararlo.  

El primer día fue agotador, nos golpeamos en todos los muebles, nuestras cosas rodaban por el suelo, me sentía como en la peor de mis borracheras. Hasta me oriné el bañador en una ocasión, incapaz de controlar mi cuerpo.

Las mañanas no se parecían nada a lo soñado, si queríamos subir a cubierta debíamos llevar arnés de seguridad y chaleco salvavidas. El arnés siempre sujeto por un mosquetón a la línea de vida, tiene guasa, atados a la línea de vida. Hamacas sí había pero tomar el sol con arnés no es agradable. Los baños con chaleco nada románticos.

Con tanta complicación donde mejor nos encontrábamos era en el camarote. Así iban pasando los días, lamentando no haber llevado la baraja para echar una brisca.

Las noches no eran mejores. Me revolvía agitado creyendo estar tendido sobre una ballena, sentía su respiración bajo mi cuerpo. Siempre la misma pesadilla. Mis gritos despertaban a la pobre Marisa que ya no podía conciliar el sueño de nuevo. Y así una noche tras otra. Jamás habíamos llevado una vida tan monótona.

Procurábamos ser  obedientes y no mostrar en público nuestra inquietud pero ellos lo sabían. Un día nos sinceramos:

  • Tomar el sol es muy incómodo,  el mosquetón se me clava en la barriga. Me está haciendo herida. Los días parecen años, a Marisa el vino le tiraba de la lengua
  • Nos está costando un poco adaptarnos pero estamos seguros de que una vez en tierra vamos a echarlo de menos, yo era más diplomático
  • Ustedes contrataron una travesía no un tour de placer, en ese caso hubiéramos elegido fondeaderos en el Mediterráneo.

Nos consolábamos pensando que en Gibraltar sería diferente, atravesaríamos las Columnas de  Hércules, el fin del mundo griego, como héroes clásicos.

Entrar en el estrecho de Gibraltar en velero es como caminar por la Quinta Avenida de Nueva York en pleno terremoto, te encuentras entre rascacielos que se balancean en bloque amenazando con caer sobre ti. Lejos de ser una frontera  idílica, el estrecho es una autopista de cargueros con varias alturas de contenedores sujetos entre sí no se sabe cómo. Allí deposité mi primera vomitona, creo que fue más por miedo que por mareo.

Adormilados en la cama, bien entrada la noche, de repente oímos un ruido de motor acercarse y gritos en cubierta. Nos levantamos apresurados y sacando medio cuerpo por la escotilla distinguimos las primeras palabras ¡¡nos siguen, rumbo de colisión!!

Hechos un nudo entre los peldaños de la escalera, nos fundimos en un abrazo con olor a despedida. Los narcos echarían nuestros cuerpos al mar para no dejar testigos. Con el rostro de mi madre en la retina  escuché

– Tranquilos, Guardia Civil. Mantenga el rumbo y la velocidad, le vamos a abordar

Ningún te quiero que me hayan dicho en la vida pudo emocionarme  tanto como esas palabras. Ahora el abrazo era de esperanza

¡Qué ilusos fuimos! , la Guardia Civil no quiso hacerse cargo de nosotros ni pagando.

– Deben continuar con su capitán. Si quieren desembarcar pueden pedir entrada a puerto.

No somos de montar escándalos. Además sentimos vergüenza por lo que acabábamos de hacer, intentar escapar del velero como si estuviéramos secuestrados. Pedimos disculpas con la determinación de aguantar hasta Lisboa sin rechistar.

Al día siguiente se desató una tormenta seca. Todo lo vivido anteriormente resultó ser una cándida aventura. Tras dos días y dos noches al pairo exigimos entrar en Cádiz. Allí les dimos las gracias por sus servicios. Un taxista muy simpático, encantado con su suerte, nos acercó al pueblo.

De esta tormenta nunca hemos hablado. El psicólogo dice que nuestro trauma desaparecerá el día que lo verbalicemos. Entonces podremos volver a salir de Alcubierre.

Yo creo que ya estamos curados pero no hablamos de ese infierno por miedo a que se cumpla su pronóstico. Nos encontramos muy bien aquí. Vacaciones más auténticas que en tu propio pueblo no pueden existir.

2- BIODRAMINA de Lorenzo llorente, Castro Urdiales.

Por fin he conseguido el pasaje, estoy deseando que llegue el lunes. Hablo con mi hermano que me espera en Sevilla y se alegra un montón, me espera ansiosamente, me dice – suerte hermano- y noto su emoción.

El capitán nos recibe al subir a bordo, no me da buen rollo, ¿Dónde se ve a un capitán sin su típico gorro con visera? De hecho, va con gafas de sol y no se le ve muy amable, más bien nos apremia a subir, parece que tiene prisa.

¿Pero es que no hay límite de aforo aquí? Vamos como el doble de los que deberíamos ir para viajar cómodos. Pues, pienso quejarme, que mi pasaje no ha sido nada barato.

Menos mal que llevo una manzana en mi mochila, pues el servicio deja mucho que desear y no parece que nadie tenga intención de darnos de comer.

Lo mejor es el olor a mar, el aire marino impregnándolo todo, la sensación de libertad y la visión de la proa marcando sin ningún genero de dudas el destino, mi destino.

Para un chaval como yo, que nunca ha visto el mar, esto es una experiencia tremenda, el mar es una frontera que nuestra proa abre como un cuchillo poderoso.

Me da mucha rabia que esto no se parezca a las películas en las que veía elegantes pasajeros en cruceros de lujo.

Lo que faltaba, empiezo a notar un volcán que emana desde mi estómago, sin saber qué relación tiene con esta erupción un sudor frio perla mi frente y mi cara imita la blancura de las olas que se empeñan en romper contra la quilla.

Biodramina, esa es mi tabla de salvación, no quise tomármela antes de embarcar desafiando a todos los que me lo recomendaron, posiblemente por desconfianza en un medicamento que suena como biodrama, no entendía que importa que el estómago suba y baje mecido por el mar, pero ahora me percato que, si bien la subida es progresiva, la caída es como descolgarse de una cornisa, de forma que la manzana ingerida unos minutos antes pugna por salir por la boca sin respetar los límites físicos de mi estómago. Pero, el principal problema es que no encuentro el servicio, no veo ninguna señal que indique donde dirigirme y si la biodramina no tiene un efecto inmediato, voy a tener un serio problema en este sitio tan atestado de gente.

De repente, noto una fría humedad en todo mi cuerpo, engullido por el mar que ha ganado la partida a un barco que he perdido de vista, ya no veo la proa, ¿Es algo premonitorio? ¿Significa que he perdido mi destino?

En mi cabeza miles de fríos alfileres se ensartan en mi piel y me mantienen más despierto que nunca. Es como una epifanía, un golpe de consciencia tremenda me hace recordar toda mi vida, todos mis seres queridos, todos mis proyectos.

Mi ficción de turista de viaje de ocio se ahoga. Biodramina o biodrama. Mi moneda nunca ha tenido cara.

Se combina la quietud de una fría placenta que me envuelve en su seno, con la bocanada de aire que recojo ansiosamente de este parto invertido, vuelvo a la placenta que me reclama, una bocanada más de cielo abierto, me quedo en la placenta para siempre y entiendo, de repente, las palabras de Abdel, ahora me suenan completamente diferentes – suerte hermano – me dijo. Me da tiempo a pensar que ya no podré reclamar los derechos que me asisten al comprar un pasaje tan, tan caro.

¿Mar, para que engulles estos cuerpos llenos de esperanza si después los escupes miserablemente en la playa?

3- CAMBIO DE PLANES de Cristina Alvisio, Tandil.

Hacía varios años que José y yo planeábamos un viaje a Uruguay.  Punta del Este, sus playas con y sin olas, La Barra de Maldonado, José Ignacio, la isla Gorriti, soñado, lo creíamos inaccesible.  Tenemos tres hijos adolescentes, Juan 10 años, María y Clara de 12 y 14 años respectivamente y Manchita la mascota.

Realmente la ilusión del viaje a fuerza de puro sacrificio fue casi alcanzar un objetivo.  Nuestros hijos parecían desorientados, ¿por qué no Miramar?  Pensaban pasarlo con chicos de su edad, como cada año.  Las familias nos conocíamos por alojarnos en el mismo edificio o muy cerca, los cordobeses y sus chicos, los López de Lomas de Zamora y otros amigos que llegaban para la misma fecha de otros sitios. Claro que era un cambio y las quejas en la familia se multiplicaban. ¿Acaso no disfrutábamos de cenar con amigos en la peatonal, mientras ellos se reunían y no sólo compartían comidas rápidas, sino que iban y venían entre la gente, organizaban sus salidas y regresaban respetando ciertos horarios a casa? No podían creer que los padres eligieran otro lugar por lindo que fuera, sin sus afectos de cada verano, casi casi nos convencen. Finalmente, algo pasó, dejaron de lado sus requerimientos y decidieron por nuestra opción.

Tal vez no era tan feo, quizás hallaran nuevos amigos, dijeron.  Adolescentes al fin, un ir y venir de ideas.

José y yo pensábamos que tal vez fuera nuestra última posibilidad de disfrutarlos en familia ya que el reloj de la humanidad no se detiene e irremediablemente su segundero marcaría la hora en que los pichones se irían independizando.

Decidimos por cuestiones económicas utilizar nuestro auto, tenía buen baúl y podíamos viajar cómodos.  Lo pusimos en condiciones, tomamos todos los recaudos del caso, taller para revisión, papeles al día, seguro, etc. Ya el ambiente se palpaba, buscábamos rutas, lugares a conocer en el camino, parajes. Dejamos para comprar allá las reposeras, heladerita, sombrilla y sólo cargaríamos la ropa necesaria y a Manchita, ella sí llevaba sus provisiones.

Cruzamos muy temprano los puentes de Zárate Brazo Largo, y tomamos la ruta 14, unos cuantos kilómetros por Entre Ríos hasta Gualeguaychú para llegar a través del puente Libertador General San Martín hasta Fray Bentos Uruguay, de allí haríamos parada en Colonia del Sacramento y recorreríamos sus calles empedradas, su mucha historia para después seguir nuestro camino por la ruta 1.

Ya en viaje los chicos usaban sus auriculares, de a ratos coincidían en algún tema y cantaban, la perrita feliz entre ellos y José y yo sonreíamos, nos gustaba estar en familia, disfrutando, escuchábamos la radio, a nuestros hijos, se notaban entusiasmados.   Por las ventanillas veíamos espejos de agua a la orilla del camino, cruzamos pequeños puentecitos donde pasaban arroyos cada uno con su nombre, en su recorrido hacia el Río Paraná.  

 De pronto descendió una espesa niebla, supusimos debido a la mucha humedad en la tarde, encendimos balizas y disminuimos la velocidad, sin darnos cuenta, sin poder prevenirlo un caballo cruzó frente a nuestro auto y colisionamos, dimos dos vuelcos, se abrieron las bolsas de contención. Los gritos fueron tremendos, José inconsciente. Debía sobreponerme al shock, los chicos con golpes, los abracé muy fuerte, sentía mi cuerpo quemado, raspado, Juan me abrazaba, sangraba en un brazo.

Aquello fue dolor, impotencia, la desesperación me ocupaba y asaltaba cada instante. Las chicas lloraban, estaban golpeadas y el miedo nos había tomado, sorprendido, herido.   Todo pasó con celeridad, la ambulancia nos trasladó a Gualeguaychú, José fue diagnosticado con parálisis facial debido al estrés del choque, los médicos aseguraron que es recuperable luego de un tiempo y tratamiento en Buenos Aires, los chicos y yo raspones y miedo.   Regresamos sin Manchita, ella dejó su vida que es también un poco la nuestra, en el camino. Sin duda el peor viaje de mi vida.

4- GOMITAS DE COLORES de Angélica Ballent, Tandil.

Había quedado como barca a la deriva. Sin auto, paro de colectivos de larga distancia y mañana lunes, el ingreso a la facultad, panorama negro para quién inicia una nueva vida. Luego de frustradas llamadas e intentos fallidos, la luz, la familia García Ortega viajaba a capital, Roberto, Letizia y Ramón, no los conocía pero no me importaba, tenía un solo objetivo que alcanzar y esperaba que ese tal Ramón durmiera todo el viaje, se enchufara los auriculares o por lo menos fuera guapo.

Me pasaron a buscar a las seis en punto en un Honda negro espectacular, en cuatro horas llegaríamos a destino. Cargué mi abultado bolso en el asiento trasero y cuando me siento en la única butaca disponible sorpresa!, el tal Ramón era un perro chiguagua en su jaula de viaje. Lo saludé con la voz boba de quién le habla a un bebé y me respondió con un gruñido. Insistí con una caricia y mostrándome sus dientes como agujas hipodérmicas me tiró un tarascón.Con Ramón no se jode.

Con cada movimiento o un simple parpadeo me gruñía, por lo visto no congeniamos. Saqué de mi bolso unas gomitas de colores y se las fui dando de a poco. Gomita, gruñido, gomita, gruñido hasta que los dos caímos en un sueño profundo.

Me desperté sobresaltada, sobre mi campera nadaban las gomitas de colores sobre un líquido viscoso Ramón había vomitado. Lo miré y caí en el espanto, estaba tieso, parecía una rata, un murciélago luego del control de plagas.

Letizia, que no se había percatado de mi presencia en todo el viaje y quizás respondiendo al llamado que aparece como un cosquilleo en el estómago cuando algo huele mal giró su cabeza y ante tan inesperada visión le pidió a Roberto que parara en la banquina. En vano fueron todos los esfuerzos y plegarias, Ramón no despertaba.

Poniendo en marcha  todas las bondades de un auto de alta gama, en un suspiro llegamos a Montes y de allí a la veterinaria. Demás está decir que oculté la prueba  del funesto desenlace, y luego de una noche en vela en la sala de espera y dos bolsas de suero Ramón despertó.

Perdí mi ingreso a la facultad y debí tramitar una segunda oportunidad, fue peor viaje de mi vida, pero ahora sí, armada hasta los dientes, con una visión más realista y sabiendo  que con los “ramones” no se jode,  estaba preparada para enfrentar esta nueva etapa. 

5- UNA NUEVA OPORTUNIDAD de Bibiana Milesi, Tandil.

     El aire olía a azahares. Al cobijo del frondoso árbol, los tres nietos aguardaban con anhelo las palabras de su abuela Blanca.

     – «¡Hola, mis pequeños!» habló la anciana. «¿Preparados para escuchar una de mis historias? Esta vez, les voy a contar un acontecimiento de mi vida que sucedió hace muchos años y que, puedo asegurarles, lo recuerdo como el peor viaje de mi vida».

     Los pequeños comenzaron a exclamar entusiasmados, esperando ansiosos escuchar esta historia de aventuras.

     – «¡Shhh! ¡Silencio! A escuchar…»

     -«Todo comenzó con Tor, su abuelito, al que ustedes no llegaron a conocer. Mi apuesto y aventurero Tor. Yo era una joven muy tranquila, de hábitos más bien sencillos y apacibles. Me gustaba deambular y dejarme llevar por la curiosidad, pero mi vida era algo monótona. Hasta que conocí a Tor y quedé completamente eclipsada por su arrolladora personalidad. Hermoso como pocos, gallardo, varonil, fue sólo verlo y caer rendida de amor. Imposible no ceder a sus encantos. Y él también se enamoró de mí que, así como me ven ahora ya mayorcita, en mis años mozos supe ser dueña de un porte muy agraciado.  El día que nos conocimos, bastó mirarnos para saber con certeza que la vida nos había unido para siempre.

     Hermoso fue nuestro romance, éramos compañeros y compartíamos muchas y variadas actividades ; lo que más disfrutábamos era subir hasta la copa de los árboles más altos. Amábamos mucho la altura y reposar tranquilos allí arriba, sabiendo que nadie vendría a molestarnos. Disfrutábamos de contemplar el vasto panorama desde nuestro refugio, los dos juntos, en silencio.

     Pero un día, Tor llegó con una novedad. Traía una invitación para una excursión en barco, exclusiva para parejas. Sinceramente, esta invitación mucho no me atrajo. Pensar en los vaivenes del agua no me resultaba agradable ni me hacía sentir muy cómoda.

     Al principio, rechacé la propuesta pero, al ver el entusiasmo de Tor y pensar que, tal vez, alguien tan intrépido y aventurero como él podría estar necesitando un poco más de acción en su vida, finalmente terminé aceptando la invitación. Decidí que nada malo podría suceder y hasta, quizás, me divertiría. ¡Ay, pequeños! Cuán equivocada estaba!

     Lo primero que noté, con mucho disgusto, fue que el barco estaba muy repleto. No había espacio para estar tranquilos o disfrutar un momento de intimidad. Traté de pensar en positivo y enfocarme en lo más lindo de esta experiencia: conocernos entre todos y sorpendernos con anécdotas graciosas y estilos de vida diferentes.

     A los pocos días de iniciado el viaje, comenzó a escasear la comida. Este hecho en sí, no era muy preocupante para mí porque siempre he sido muy frugal en mi alimentación,  pero esta situación alteraba a muchos pasajeros y comenzaron las agresiones entre ellos.

     Para completar este nefasto panorama, comenzó a llover. Lluvia suave primero, truenos, relámpagos, rayos… hasta convertirse en intensa tormenta que en nada contribuía a calmar los alterados ánimos de los pasajeros.

     A partir de ese momento, ya nada fue igual. ¡Qué travesía tan espantosa! Todos amontonados adentro del barco. El Capitán quería imponer orden pero, entre tantos pasajeros malhumorados, no lo conseguía.  Lo que comenzó como una aventura romántica, se estaba convirtiendo en un viaje de absoluto terror. Dentro del barco también entraba agua y mi cuerpo mojado no podía reponerse; aunque me mantenía pegada a Tor, no alcanzaba a entrar en calor.

     Finalmente, un día cesó la lluvia y salió el sol. ¡Ah! ¡Qué hermosa sensación poder sacudirnos la lluvia de encima, por fin! El sol trajo tranquilidad y mejoró el ánimo de todos. Pudimos pasear nuevamente por el barco y eso nos ayudó a confraternizar y hacer amistades nuevas.

     Pero los días transcurrían y nos dimos cuenta que no llegábamos a ningún puerto, sólo agua veíamos a nuestro alrededor. Eso nos fue llenando de temor y, nuevamente, los ánimos comenzaron a decaer. Muchos compañeros volvieron a ponerse nerviosos y a atacarse unos a otros por cualquier excusa. Para completar el oscuro panorama, la alimentación era ya casi inexistente.

     Hasta que un hermoso día soleado, el Capitán me llamó y me encomendó una misión para ayudar a todos: debía abandonar el barco y cuando hallara tierra firme, traer una ramita en mi pico.  Me asombré y asusté ante semejante pedido.  Pensé que era una tarea más indicada para Tor, tan intrépido y aventurero, pero el Capitán insistió en que yo era la elegida para la audaz y salvadora misión. Así que tomé fuerzas, extendí completamente mis alas blancas y salí volando del Arca, acompañada por los aplausos de todos mis compañeros de viaje, especialmente de Tor y de Noé, el Capitán.

     Y así fue como  me transformé, de pequeña paloma,  a la heroína de todos. Y lo que sucedió a partir de allí, mis amados pequeñuelos, ya es historia para un próximo cuento.

6-EN EL RECUERDO de Claudia Lucia Mendez, Tandil.

“Apurate Manuel” me dijo mi mamá aquella tarde, “la tía y los chicos nos están esperando”. Busqué mi  mochila que ya la tenía lista y salimos caminando. Era un día de otoño fresco y soleado y mi entusiasmo iba en aumento a medida que nos acercábamos. De lejos vi a mis primos que me hacían señas para que me apurase, el auto nos estaba esperando. Salí corriendo y llegué justo a tiempo para subirme y arrancamos.

“Pónganse los cinturones que vamos a ir rápido” dijo mi primo Pedro que manejaba. Yo miraba entretenido el paisaje que circulaba a mí alrededor, mientras el viento me golpeaba la cara y sonaba a todo volumen la música de la radio.

Todo sucedió tan rápido que no recuerdo exactamente cómo empezó.

Primero sentí una fuerza que me sacaba fuera del coche y que mi corazón latía al ritmo de un galope alocado, mientras veía pasar en cámara lenta imágenes de árboles, de luces de colores, de trozos de cielo,  de nubes, de cuerpos que flotaban alrededor mío.

Ya no oía la música sino gritos que se confundían en una especie de ruido estridente, entonces  otro sacudón me empujó por los aires, perdí mi mochila, me aferré fuerte a lo que podía  y  luego comencé a caer en picada como en un vuelo vertiginoso. Yo quería detenerme, pararme, pero no podía, todo seguía dando vueltas y más vueltas.

En medio de ese torbellino escuché a lo lejos una voz familiar que me animaba, junté las  últimas fuerzas que me quedaban, estiré mis brazos y la tomé fuerte.

Lentamente todo pareció aquietarse y sentí unos brazos conocidos que me sujetaban, mientras veía a mi mamá que con cara de preocupación me decía “ Estás bien hijo? ¡Qué ocurrencia la tuya pasarte del auto al caballo y terminar en el avioncito. Pero al final alcanzaste la sortija!”

Todavía mareado, caminé lentamente a recibir mi premio, un montón de golosinas que guardé emocionado en la mochila, que por suerte había recuperado, y el boleto para dar una segunda vuelta gratis.

“Subís?” me preguntó el calesitero. “No, lo dejo para otro día, estoy cansado”, le dije, no quería que se dieran cuenta que todavía me duraba el susto.

Han pasado muchos años y aún tengo presente aquel día. Vaya a saber qué impulso me llevó a hacerlo, pero esa experiencia la recuerdo como el peor viaje de mi vida!

7- EL DESCUIDO de Maru Silva, Pando.

La abuela Queta ya vivía con nosotros cuando hicimos el ültimo viaje a Pinares.  Era una casa hermosa de dos pisos que alquilábamos todas las temporadas. ¿Hay alegría más grande para un par de niños de departamento que pasar las vacaciones en una casa a 3 cuadras de la playa?  La noche nos sorprendió llegando a nuestro lugar en el mundo. Mi mamá fue la que tuvo más resistencia y bajó todos los bártulos del auto. Mi papá prendió el fuego porque comeríamos asado así nos cayéramos dormidos  en la mesa. Mi abuela no esperó la cena y se tomó un caldo aguado con apenas unas verduritas de colores que flotaban como única consistencia. “Si no se muere con esa sopa no se muere más, ¿eh? doña Queta” -mi papá la cargaba haciendo referencia a la asquerosa apariencia de ese líquido después de un largo y caluroso viaje en tupper.

“Mañana nos levantamos temprano y todos a pasar el día completo en la playa”. “Sí”, festejábamos mi hermanita y yo.  “A achicharrarse” -acotaba la abuela. Por entonces, nadie se preocupaba por el agujero de ozono y los días de verano ardientes nos volvíamos felizmente incinerados. La Bueli Queta nos untaba con aloe para refrescar la imprudencia de nuestros  padres, como nos decía ella. A mí me parecía que esa planta era la misma verdura que flotaba en su sopa, creo que por eso nunca me doblegué a su insistencia de probarla. “No se puede vivir a milanesas”-  la frase diaria en la mesa.

Ese sábado, mi mamá optó por quedarse durante la mañana. Había mucho por acomodar. Era lógico quedarse. Papá no adhirió a semejante sacrificio y ofreció llevarnos a la playa para que ella pudiera trabajar tranquila. Mamá solo sonrió, y la abuela lo dijo: “¡qué linda manera de lavarse las manos!”. A papá le molestó el comentario e hizo el ademán de cortarle el cogote, como hacía siempre por detrás de ella,  mientras le mostraba a mamá lo que había puesto en el bolso, toallones, sombreros para los dos, bebida fresca y un par de Barbies para que mi hermanita se entretuviera. Era 9 de enero de 1994, estaba algo nublado con probabilidad de chaparrones aislados, así se lo oímos decir a Mario Ardile, el del noticiero que escuchaba la Bueli todas las mañanas, y a quien ella le confiaba su vida. Si lo dijo Ardile en “Noticias al Amanecer”, era palabra santa. “Mejor que sombrero, lleve paraguas”- opinó la Bueli. Mamá me recomendó: -Martín vos que sos grande, no pierdas de vista a Sofi, tu padre se mete al mar y se olvida que tiene hijos.  La Bueli, asintió. Papá le prometió absoluta atención y se despidió con un beso. A la abuela, ni la miró. Sofi y yo le dimos un beso a la Bueli, quien aseguró que ni valía la pena despedirse tanto si en cualquier momento se largaba. Esa fue la última escena familiar que viví.

Una mujer gorda, sin nombre, que alguna vez había sido víctima de nuestras burlas infantiles, interrumpió el partido que jugaba con mis amigos de verano; me agarró a upa y me llevó corriendo a los tumbos por la arena; escuché que dijo:  “tenés que irte, sucedió una desgracia”. Me dejé llevar bajo una cortina de lluvia repentina que me alejaba  del juego detenido, sin entender el arrebato. Entre gotas también rodó una lágrima surcando mi cara con arena, sin saber la causa de mi propia tristeza.

Papá se había distraído. Mi hermanita se había acercado al mar para que sus muñecas nadaran, según relató Mica nuestra vecinita de sombrilla. Una ola se llevó a la Barby de bikini a rayas y Sofi entró a rescatarla. Nadie percibió el suceso hasta que Mica gritó asustada al ver la cabellera de Sofi  hundirse en la espuma. Mi padre y el guardavidas llegaron demasiado tarde al rescate.

Nada fue igual en nuestro hogar. Cada uno sobrevivió como pudo y nos fuimos adaptando penosamente a las nuevas funciones. A los pocos días, mi abuela tomó la posta de mi crianza y mi papá tuvo que acostumbrarse a respetar su organización casi militar. Igual papá ya había perdido su buen humor para siempre. Mi mamá nunca le perdonó el descuido y ninguna medicina logró sacarla del estado de depresión absoluto en el que se hundió hasta lo más profundo, como Sofi. Salió de ese estado recién cuando murió mi abuela tres años más tarde. Milagrosamente, una semana posterior al entierro de Queta, mi madre se levantó temprano, se metió en el baño, y cantó en la ducha. Salió sonriente con una gran capelina en la cabeza, nos miró a los dos y dijo: “ya es hora de volver a hacer un viajecito a la costa”. Papá y yo, no debimos ilusionarnos con la promisoria mejoría; mamá ya no estaba depresiva, estaba completamente loca.

8- LA EDAD DE LA INOCENCIA de Alicia Moreno, Tandil.

¡Negro andá al colectivo, dale arranque así los viejos se suben enseguida! 

Pepe y el Negro se entendían casi telepáticamente después de diez años compartiendo celda en la cárcel de Mendoza. Una fuga perfecta, encerraron en el baño al guía y al chofer. Un contacto en Chile los esperaba al otro lado de la cordillera augurándoles la libertad.

La acelerada del motor provocó apuro en los más retrasados Pepe comenzó a contarlos mientras se ubicaban en sus asientos, algunos percibieron que el guía no era el mismo y una voz cascada preguntó: ¿Dígame joven, ¿usted quién es?

– ¿Saben que día es hoy? Preguntó Pepe

– 28 de diciembre contestó un hombre de 80 años al lado de su mujer que lo codeaba para que respondiera en nombre de los dos.

– ¡Día de los Santos inocentes! Los guías somos así de chistosos, mi colega anterior no les contó que rotamos cuando entramos en el país vecino, queríamos darles una sorpresa. Somos la nueva tripulación, si necesitan algo voy a estar un rato adelante, no tienen más que llamarme, para eso estamos, mientras hacían mutis por el foro.

Ni bien habían pasado quince minutos, una mujer bajita y canosa se acercó a su asiento pidiéndole que subiera la calefacción porque ella tenía mala circulación y padecía el frío. El Negro con cara de conductor experimentado subió la perilla satisfaciendo la demanda.

Inmediatamente se escuchó un grito desde atrás: – ¡Nos estamos asfixiando! ¡Nos quieren rostizar! Bajaron la calefacción.

Al poco tiempo la mujer canosa tiritando suplicó por un poco de calor. Subieron la temperatura, esa letanía continuó ininterrumpidamente 10 kilómetros.

Para calmar el malhumor del chofer, Pepe conectó el micrófono y comenzó con un – ¡Hola! ¡Hola! ¡1,2,3 probando!

 – Si miran a la derecha verán los picos nevados de nuestra Cordillera de los Andes, son muy, muy antiguos. Actuó el guía ficticio.

– Un brazo flácido se extendió – ¿De qué período son?

– ¿Eso que vuela allá es un cóndor? Preguntó otro

Pepe respondió – Si es un ave rapaz

– ¿Quién es capaz? dijo un octogenario sentado adelante

– Colocate los audífonos viejo –  recriminó su mujer – ¿A dónde los dejaste? acusando el extravío, el pasaje comenzó a buscar el artefacto perdido.

– ¡Esos audífonos son de mi marido!  clamó con enojo la mujer mientras le metía la mano en la oreja a un señor de bigotes.

-¡Ahhh creía que eran míos los vi en el baño y me los puse.! – se disculpó.

Una señora de jogging fucsia y con varios rosarios colgados al cuello comunicó:

 – Le había dicho al guía anterior que venía cumplir una promesa y falta poco para la Ermita de la Niña Milagrosa.

– Mire señora, no podemos parar porque tenemos un horario que nos exige la empresa.

La mujer bajó la cabeza y se retiró llorando, su compañera de asiento la palmeó con ternura y de la tierna anciana emergió una caudilla contestataria, voz en cuello arengó a sus compañeros de viaje para comenzar a aplaudir y golpear butacas.

La devota bajo del colectivo vitoreada por el triunfo, como coro griego los ancianos la rodearon y comenzaron a rezar el rosario.

Con el último amén fueron apurados para subir, una vez ubicados en cada lugar comenzaron a moverse buscando los medicamentos, Pepe se ofreció a sacar él mismo los remedios, cuando estaba en plena faena el chofer tomó muy cerrada una curva, la falta de equilibrio lo llevó al piso de inmediato dispersando en el suelo las medicinas para todos los males.

Maltrecho y cansado juntó en una bolsita las grajeas y se las ofreció a cada uno, que el azar y el buen estómago jugara a favor de cada viejo.

 A los pocos kilómetros los alegres ancianitos vieron por la ventanilla la proximidad de una feria artesanal, comenzaron a aullar en pedidos de compras para regalar.

Agotado el ex convicto recurrió a una idea brillante, hizo una lista y él mismo bajó a comprar los obsequios que generosamente desembolsó de su bolsillo. La libertad tiene un precio alto y era capaz de pagarlo con cualquier moneda.

La felicidad de los satánicos ancianitos duró un suspiro, al poco tiempo comenzaron con la retahíla de preguntas, pedidos de subir o bajar asientos, relatos de operaciones interminables y ofrecimiento de tortas rancias.

El chofer en estado de angustia comenzó a lagrimear, Pepe le acercó los pañuelos descartables junto con unos mates lavados espolvoreados con todos los yuyos que le fueron agregando los viejos asesinos.

Un cruce de mirada cómplice fue la salvadora, desaceleraron lentamente el vehículo, estacionaron al lado del patrullero, ingresaron a la seccional de carabineros y se entregaron mansamente con la única condición que se llevaran lo antes posible a esa manga de forajidos mimetizados como turistas, se puede decir que hasta sonrieron aliviados al ser esposados.

9- El PEOR VIAJE DE MI VIDA? de Ana Cash, Tandil.

Soy una viajera incansable. Me desespero por ir a lugares que conozco  a través de personas, revistas, libros. En los últimos años por cuestiones de la vida he podido viajar bastante. Preparar un viaje es para mí uno de mis programas favoritos.

Elegir es el primer paso, aunque no siempre esa elección es tan libre ya que tengo hijos viviendo por el mundo y mi corazón y mi mente me lleven allí. Pero aun así aunque mi destino sea predeterminado todo lo que  le agrego  es  «a voluntad»  Si, voy a ir a Londres, a estar con mis nietos, pero a donde voy a ir antes? y después? qué lugar vamos a elegir para ir todos  juntos por allí?  Y así lo predeterminado se convierte en creación…ilusión, expectativa y empieza la preparación: estudiar, conocer la zona como si fuera la palma de la mano: historia, geografía, geología, idioma, idiosincrasia,  costumbres, modos de vida, cocina (que tanto nos habla de un lugar) !!! Sumo horas de conocimiento, leo y releo artículos, blogs, veo películas que me acerquen a la esencia de lugar. Este proceso de conocimiento  se hace cada año más largo, más intenso más placentero.

Y algo muy curioso es que cuando llego a ese país, ciudad, pueblo, aldea o caserío me parece maravillosamente increíble estar donde tanto esperé. Jamás me decepcioné  de un lugar ya que la felicidad de haber llegado ahí es inmensurable.

Pero “el peor viaje de mi vida tuvo lugar a 10 cuadras de mi casa!!!!

Un día hace ya 15 años salí a andar en bicicleta, fue una larga y placentera bicicleteada. Cuando volvía alguien inesperadamente abrió la puerta de su auto en el momento que yo pasaba por ahí y  mi cabeza se golpeó intensamente  contra el pavimento. Crac!!!!!

Lo próximo que recuerdo es cuando al día siguiente intento sacarme ”una cosa” que me tapaba la boca. En ese momento veo una mujer que se acerca y me dice con mucha energía: no, no no!!!!

-Qué es esto? le pregunto sacándome ”esa cosa” de mi boca”

-Quien sos? Dónde estoy? Volví a preguntar

Esto, me contesta amablemente señalando mi boca,  es un respirador, por ahora no te lo podes sacar, estás en el hospital,  tuviste un accidente… estas en terapia intensiva. Y me siguió contando que mis hijos, marido y mis amigas estaban esperando  afuera, que mis dos hijas mayores que estudiaban  en ese momento en Buenos Aires  habían venido a Tandil donde vivimos… y me ubicó en tiempo y espacio.

Luego supe que me había operado  un neurocirujano de urgencia porque me había fracturado el cráneo y el filo del hueso roto había cortado  una arteria y todo tuvo que ser resuelto a la mayor brevedad posible  ya que el cerebro se inunda de sangre y te vas a charlar con Dios.

Todos desesperados!!!! Angustiados… asustados… Menos yo.

Esa mañana mis amigas hicieron una misa a la cual fue muuuuucha gente para rezar por mí. Ya me estaban velando?

Y así pasé ese día y el siguiente en terapia pero pronto me sacaron, no sé si porque medicamente estaba mejor o porque no me aguantaban más. Yo quería estar con todos los que sabía que estaban en la sala de afuera esperando el parte  médico ya que las primeras horas son cruciales.

Les cuento el final: NO ME MORI

No solo no me morí sino que fue un viaje del cual pude aprender  más que de todos los lugares del mundo donde pude estar. Llegaron flores, cartas, mensaje y sobre todo visitas muchas visitas!!!!!

Cuando estuviste en el límite entre la vida y la muerte aprendes a valorar cada minuto de la vida de forma exponencial. Pero a valorar en serio.

Durante los siguientes  meses no hubo un solo día en mi vida que estando haciendo algo especial o cotidiano no dijera: “que suerte que no me morí”. Un atardecer, una reunión con amigas,  un beso, una charla con mis hijos, un encuentro íntimo con el amor de mi vida, un buen libro, una rica comida, una caminata, un nuevo nacimiento, un día  de otoño, un chapuzón, un llamado telefónico, un abrazo, cada amanecer…

El peor viaje de mi vida? Definitivamente no!!! porque de ese viaje  volvió otra persona y esta versión de mi misma me gusta más!!!!!!

Tanto estudiar antes de hacer un viaje y del más inesperado fue del que  mas aprendí!!!

10- LA AVENTURA DE «CHIQUITINA» de Isabel Mateo Ruiz, Castro Urdiales.

Los viajes, normalmente suelen soñarse primero, luego prepararlos y por fin, si resulta posible, realizarlos con la grata intención de disfrutarlos, compartirlos y extraerlos de tu recuerdo cuantas veces sean necesarias pero, tanto si han sido satisfactorios o desastrosos, estoy segura que siempre pueden regalarnos algunas sonrisas, por inocencia, por atrevidos, por grandiosos o por…!Madre mía… quiero olvidarlo!  Pero creo que nunca se olvidan.

Yo soy muy pequeña, para algunos muy poca cosa, pero mi primer viaje, éste sí inesperado, no os dejará  impasibles. Os cuento.

Mi madre es muy grande,  alegre y salada y en su regazo acoge a todas sus hijas y las mece y mima aunque también, en algunas ocasiones se enfurece pero aún así, sigue siendo bella.

Una mañana de Agosto hallándonos gozosas en su regazo, notamos que el aire se calentaba demasiado y nos elevaba, sintiéndolo nosotras como un juego.  En poco tiempo mi madre se empezó a molestar y poco a poco se puso muy furiosa; nuestra inocencia no daba para más que unas risas y… el deseo de elevarnos  más cada vez se cumplió, créanme. Aquel aire confortable y juguetón se transformó en un fuerte viento que venía del Sur y ahí empezamos a perder la alegría y a sentirnos inseguras. Este viento Sur comenzó a agitarnos a la vez que nos alejaba más y más de nuestra querida madre.  Presas del miedo intentamos apretarnos unas con otras para sentirnos  fuertes  y llegamos a formar una gran masa, blanca y densa, desplazándonos ya sin control,  así nos llegó la noche, tiritando de frío y miedo

 Desde nuestra altura  veíamos empequeñecer las casas, al igual que los bosques y los seres vivos. Mientras viajábamos  observamos a lo lejos tres grandes  chimeneas y al poco estábamos sobre ellas. La sensación de calorcito nos alegró durante unos instantes pero… pronto  nos sentimos pesadas, sucias.  Supimos que habíamos perdido nuestra virginidad, nuestra pureza, y eso nos dolió lo indecible. El desesperante viaje continuaba y al poco nos absorbió  una gran masa negruzca  y muy densa  que al movernos hacía que chocásemos unas con otras produciéndose luces que estallaban iluminando bosques y ciudades. Cómo deseábamos el fin de aquella aventura, fuera el que fuese, hasta que… De pronto notamos que involuntariamente, como si nos pasaran por un inmenso colador, nos volvíamos a separar unas de otras y caíamos con fuerza sobre la tierra por la que, algunas de nosotras, fueron engullidas. Otras  arrastradas  con  fuerza, conducidas por largos y oscuros túneles hasta llegar a un gran y apestoso recinto donde unas aspas inmensas nos hacían girar una y otra vez hasta que ya, muy mareadas y cansadas nos derivaron por otros conductos; suspiramos aliviadas al sentimos nuevamente… ¡limpias, transparentes, libres!

De nuestro regreso a casa solo os puedo decir que en el camino hubo varias de nosotras que se perdieron, pero mis hermanas y yo  pudimos  regresar a LA MAR nuestra Gran Madre.

 Diminutas, chiquitinas, nos mecemos de nuevo sobre ella  y aunque a veces los vientos la enfurezcan, hacemos lo imposible por apretarnos a ella y lograr salir ilesas

11- EL MUERTO de Enrique Cerezo, Santa Teresita.

Lo que había sido un asado con amigos, llegaba a ese punto entre el final del postre y la sobremesa. Silvia empezó a contar lo mal que lo había pasado en un viaje reciente que había hecho en un velero por el Río de la Plata. Como siempre sucede, pronto se acopló otro para comentar que su viaje había sido aún peor. Entonces, empieza la competencia para ver quien sufrió más. Es lo normal en estas charlas, al igual que cuando se cuentan enfermedades y cada quien parece querer superar al otro en gravedad.

Ninguno era trágico. Todos contaban experiencias que vistas a la distancia eran graciosas y realmente me estaba divirtiendo. Además eran muchos los que tenían que ver con viajes en barco, desde lanchas hasta cruceros.

Hasta que llegó la pregunta inevitable:

– Y vos no tenés nada para contar?

Claro, con una vida de viajes constantes, treinta y cinco años de marino mercante como maquinista, debía tener un anecdotario inmenso de viajes “peores”. Sin embargo no. Hasta los más problemáticos dejaban algo bueno. Y cuando en un viaje “se rompía todo”, quedaba las anécdotas risueñas de la reparación y la experiencia que dejaba.

No podía hablar de un viaje “peor” pero si contar la experiencia que vivimos, a costa de dos tripulantes.

En el puerto de Rotterdam nos avisan del consulado que debíamos traer repatriados los restos de un hombre. Se decide que va a ser lo último en subir a bordo y que se va a colocar en el castillo de proa. Esto es un inmenso pañol que queda justo en la proa y donde se guarda cabullería y demás elementos para trabajar en cubierta. Dos horas antes de nuestra zarpada, arriba el féretro y se lo coloca en ese lugar, bien asegurado para que ningún temporal lo mueva. Hecho en silencio todo esto y con la aprehensión que un difunto promueve. Luego se cerraron todas las puertas de ese pañol y los hongos de ventilación para que ningún golpe de mar filtre agua dentro.

Esto sucedió hace muchos años. Era la época que se decía que los barcos “podían navegar sin oficiales, pero sin gallegos no”. Hombres rudos, trabajadores y supersticiosos… y este fue el problema.

Salimos a navegar alrededor del mediodía. Al dejar el río Mosa el viento aumentó y empezamos a movernos. A las 16 tomó la guardia en el puente Oscar con el marinero Ramón, gallego, de Finisterre.

El buque navega de noche con todas las luces apagadas. Al caer el sol se ve un ojo de buey en la proa con la luz encendida.

– Ramón, por favor, pedí la llave del candado, andá a proa y apagá la luz del castillo.

– … no Señor, no voy…

– Dale, gallego, dejate de embromar y andá!

– … pues no. Que ahí está el muerto y yo no voy…

En eso llega al puente el segundo oficial y Oscar le dice:

– Quedate un rato de guardia que me lo llevo a Ramón a apagar la luz.

Y allá se fueron los 120 metros por cubierta, con viento y movimiento hasta la proa. Ramón protestando, que no hay que llevar muertos, que quien sabe con que nos encontramos, que yo no entro, etc. Oscar escuchaba divertido.

Llegan y Ramón, casi temblando, comienza a abrir la puerta.

Yo estaba de visita en el puente y veo, a la distancia que la puerta se abre. Inmediatamente veo a Ramón cayendo al suelo y a Oscar en una carrera desesperada por cubierta. Bajo al tiempo que veo entrar a Oscar al grito tembloroso de: – El mueeeerto!!!

Ahora los hechos: Al llegar y abrir la puerta ven una figura humana que se abalanza en medio de un: – Ahhh! – Al instante Ramón se desmaya (costó bastante reanimarlo) y Oscar, que venía con toda la carga que durante el camino le había hablado Ramón, no intelectualizó nada. Volvió y entró al camarote del capitán como una tromba y temblando. Años después confesaba no recordar nada desde el momento que abrieron la puerta hasta que estaba dentro del camarote.

Y la figura humana? Ah, un polizón que se había escondido más temprano y cuando el buque se empezó a mover y la ventilación cerrada, tanteando, encendió la luz pero mareado, y sin aire, cuando abrieron la puerta se abalanzó a sorber bocanadas del viento del mar del Norte.

Encontré a Oscar hace unos años. Ya jubilado recuerda la experiencia como el peor de sus viajes… con una carcajada.

12- LA TERRACITA de Susana Huarte, Castro Urdiales.

¿Cómo? ¿Qué tenemos que hacer cuarentena? ¿Cuánto? ¿Por qué?  Le chillaba furiosa al japonés que se había plantado en la puerta de nuestro pisito. Sí, un pisito de 25 metros cuadrados, quinto piso por escalera, que habíamos alquilado por Air Bnb para diez días, para seis personas. No estaremos nunca en el piso, habíamos dicho, solo lo usaremos para ir a dormir. Al llegar observamos con fastidio que las fotos habían sido tomadas en ángulos muy específicos para no mostrar lo pequeño que era. Tres camas normales y luego colchonetas en el suelo, al estilo nipón. Comenzamos a negociar quien iba a dormir en el suelo, pero con intimidad, porque dos puertas correderas de 5 cm de espesor ponían limite visual, y quien iría a las camas, pero con la encimera en los pies. Cercanía al único baño, era otro punto a considerar. Cuatro sillas para turnarse. Tampoco era cuestión de sentarse todos juntos. Que no estaremos casi nada, seguíamos conformándonos, hasta que el timbre, que era como el trinar de un pájaro, sonó.

Un pequeño japonés con mascarilla, ya habíamos visto que era muy habitual su uso, comenzó haciendo la reverencia. Mientras inclinaba su cabeza vimos que en un peldaño más inferior había otro japonés, este no era pequeño y tenía uniforme.

Con una sonrisa, nos dijo en inglés, que debíamos permanecer en el piso, porque podíamos estar contagiados de un peligroso virus.

Comenzamos a mirarnos con desesperación, tratando de encontrar en la mirada del otro una salida, como que no habíamos entendido bien.

El pequeño japonés nos entregó con sus manos enfundadas en guantes de látex un escrito en japonés e inglés con las instrucciones a seguir a partir de ahora. Volvió a hacer la reverencia para despedirse, al igual que el policía, y se fueron corriendo escaleras abajo.

Cerramos la puerta, nos miramos y solo atinamos a caernos de culo en una silla, dos lo tuvieron que hacer en el suelo.

Por suerte en el aeropuerto habíamos comprado los chips para internet y ya nos podíamos comunicar con el mundo y el pisito de m…  tenia wifi.

Frenéticamente fuimos en busca de información, en Internet, comunicándose con la familia. Yo comencé a buscar algún teléfono de la embajada española.

En minutos ya sabíamos que nuestro problema se llamaba “coronavirus”. Había estallado en Wuhan, ciudad donde habíamos hecho escala antes de aterrizar en Tokio.

Leímos las reglas. ¡Vaya bajón! Nuestro exótico viaje había quedado relegado a estar encerrados en una caja de zapatos, nos traerían comida como a los presos y ¡a disfrutar de Tokio!

Con el desánimo general ya nadie pedía baño, cama, colchoneta.

Descubrimos que en un extremo del “intimo” espacio de las colchonetas había una puerta ventana que salía a una terracita de 3 metros cuadrados, con dos banquetas. Salimos para tomar el aire, aunque la temperatura no superaba los 5ª grados.  Al pasar de los días ese lugar se convirtió en un rincón de magia, nos turnábamos, aunque tuviéramos que salir con chaquetas polar. La torre de Tokio a lo lejos y las luces de la gigante metrópoli nos hacían, un poquito, vivir esa enorme ciudad que no conoceríamos, por lo menos esta vez. La parejita que teníamos en el grupo tenía su momento de intimidad. Fue el lugar sagrado en aquellos días.  Ese frío nos hacía sentir vivos, libres. La noche de año nuevo nos amontonamos y brindamos con sake con unas copas de plástico, Ese día nos trajeron algo especial para comer, diferente del ramen que nos traían todos los días. Alcanzamos a ver los fuegos artificiales que brotaban de la isla artificial de Odaiba. Ese lugar había sido parte de nuestro elaborado plan, estar allí para el 31.

Una tarde, con el cielo totalmente despejado alcanzamos a ver, un poco difuminado, el monte Fuji. 

Los primeros días habíamos intentando que la embajada nos sacara de allí, sin resultados. Lo último que nos dijeron que, al enterarse que la mayoría éramos también argentinos, que consultáramos con la otra embajada. No estuvo mal. Nos enviaron al piso alfajores y yerba mate.

Cada día aparecía nuestro pequeño amigo japonés con una caja de comida para todo el día. La dejaba en el rellano de la escalera y, reverencia mediante, desaparecía.

Hubo en esos días momentos muy malos, como cuando dos querían el baño al mismo tiempo, o alguno que había comido más que su ración u otro que quería dormir de día, tras los insomnios nocturnos que fueron una constante, mientras el resto se comunicaba con Skype. Pero siempre, siempre, la terracita nos calmaba, nos transportaba a nuestros sueños que habíamos tenido con esa ciudad. 

El día 10 llegó.

Allí estábamos los seis parados, con cada maleta a nuestro lado, esperando el timbre del pájaro.

A las 9 en punto apareció Achiro y con una sonrisa de oreja a oreja nos dijo que nuestro vuelo de regreso saldría en tres horas.

Cuando el avión despegó el comandante nos comunicó que el vuelo finalizaba en Wuhan.

13- CONCORDE de Adriana Basualdo, Tandil.

El 22 de noviembre de 1977 el Concorde ejecutó su primer vuelo directo entre las dos grandes capitales del Viejo y el Nuevo Mundo: Londres y Nueva York. Fue el primer avión a reacción supersónico en ser usado de manera comercial. Casi veintitrés años después, me tocaba subir a una aeronave menos glamorosa, un Boeing de Aerolíneas Argentinas que unía Buenos Aires con Neuquén. Iba con mi bebé -todavía lo estaba amamantando- a despedirme de mi tío Abel, que se estaba muriendo.

Pasé en Neuquén tres días, acompañando a mi tía Marta y ayudándola a atenderlo. No podía quedarme más, había que volver a trabajar. Ella parecía estar bien, aunque cansada. El estaba mal, muy mal, y también cansado, aunque dormía mucho, casi todo el tiempo.

En esos tres días hablé con mi tío de cosas circunstanciales, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo. Sin embargo el momento tenía un peso especial: más allá de las frases simples, el espacio se cargaba con el valor de la presencia. Hacía dos años que ellos se habían mudado a Neuquén. Antes de eso vivieron siempre a la vuelta de mi casa. Después de la muerte de mi papá, ocurrida unos días antes de su cumpleaños número 50, la figura de mi tío fue deslizándose lentamente en el hueco que él había dejado. Habían pasado unos 10 años y yo recién me daba cuenta de eso.

El tercer día de mi visita llegó, como llega todo. Mi bolso estaba listo y el cochecito del bebé esperaba, plegado, junto a la puerta. Faltaba entrar a la habitación de mi tío a despedirme. Ambos sabíamos que ya no nos volveríamos a ver. Recuerdo su aspecto resumido, su cuerpo reducido a lo mínimo indispensable. Recuerdo el olor de las medicinas y el rumor del vaporizador que humedecía el aire de la habitación. Recuerdo el abrazo y que lloramos sin hacer ruido y que me dijo: tu papá y yo no tuvimos suerte.

Salí del cuarto como pude, abriéndome paso en la densa tristeza. Mi tía estaba sentada en un sillón, mirando el noticiero con mi hijo en brazos. En el televisor un avión se quemaba. Era el 25 de julio de 2000 y el Concorde se había estrellado en Gonesse, Francia, a poco de despegar. Murieron 109 pasajeros y 4 personas en tierra. ¿Sería menor la probabilidad de que mi avión se cayera ese día, habiendo ocurrido ya este accidente?

El conductor del taxi me observaba de vez en cuando por el espejo retrovisor. Quién sabe qué pensaría, una mujer joven, con un bebé en brazos, yendo a aeropuerto llorando. Los televisores puestos en la sala de embarque para entretener a los pasajeros durante la espera mostraban imágenes del Concorde en llamas, bomberos trasladando en camillas cuerpos carbonizados. Algunas personas se quejaron y cambiaron de canal. Nadie quiere ver eso antes de subir a un avión. Pero la probabilidad de que sea así como termine todo, son realmente bajas.

14- UN FEBRERO EN LAS CATARATAS de Viviana Fernández, Tandil.

Calor. Mucho calor. Sofoca. El peso del sol sobre tu cabeza. Arde el cuero cabelludo, sentís la inserción de cada cabello. Te pesan las pantorillas, es lento el movimiento de cada pierna para dar apenas unos pasos.

Parece que no hay aire, sin embargo respiramos.  A nuestro alrededor sólo tierra ladrillo y enormes plantas inmóviles de un verde estridente que molesta a la vista. Todos los insectos son enormes, como mirados con una lupa y avanzan por todos lados, invaden nuestras mochilas y las cajas de provisiones

-¿Qué me imaginaba cuando me propusieron ir de campamento , en febrero, nada menos que a las Cataratas?.

-¡No sé qué le vi de bueno a un viaje así…!

No dudo  que los veinte años idealizan los proyectos, el sueño de tener una responsabilidad, “sub-jefa” de  un gran campamento que serían las primeras vacaciones de niños de empleados rurales de Salta, Jujuy, Chaco y Formosa. Como buena scout: ¡siempre lista!!

Hace de esto varias décadas..pero las sensaciones quedaron grabadas… selladas a fuego pienso.

Sola hasta Retiro con mi mochila pesadísima, trasbordo a otro ómnibus con un grupo de veinte jóvenes dirigentes  que llevarían adelante todas las actividades con los niños organizados en pequeños grupos.

Eterno viaje agobiante en un micro de repartición estatal que no sabía de comodidades, menos de aire acondicionado.

A los niños los encontraríamos en Iguazú, afortunadamente teníamos 48 horas de adaptación a las condiciones atmosféricas, a base de “Seven up” y piernas levantadas, apoyadas en la pared del comedor.

Al tercer día llegaron los changuitos, un poco ariscos e introvertidos. Les dimos la bienvenida aún sumidos en un letargo fatigante.

 Resultaba impensable llevar adelante lo que habíamos preparado con tanta dedicación. El programa se nos caía a pedazos.

 Cada rutina terminada era un gran logro: desayunar, descansar,ordenar las carpas, sentarse un rato,preparar el almuerzo, intentar una siesta.

 ¿Y los chicos?¡Como si nada!. Nacidos y crecidos con esa temperatura pedían jugar al fútbol a las dos de la tarde, iban y venían descalzos con la piel curtida,dispuestos a corretera a toda hora. También alguno sollozaba por las noches porque extrañaba su tierra y su gente.

 Las expectativas de todos estaban puestas en la prometida excursión a las Cataratas.

Acercarse a la frescura del agua sería lo más bello que podía pasarnos y llegó el gran momento.

Se recordó  la noche anterior mantener los pequeños grupos  con un dirigente guía, que por seguridad los llevaría ¡atados! a una soga de la cintura para recorrer las pasarelas.

Temprano llegó el óminbus, cargamos las provisiones para el almuerzo, se acomodaron  los chicos a la vez que  los numerábamos  y los jóvenes líderes.

Se respiraba entusiasmo y a la vez un poco de temor.

Llegamos a la entrada del Parque, procedimos a atar a los niños de a tre o cuatro con su guía como estaba establecido en el lugar e iniciamos la caminata.

Humedad,vapor,un sol envuelto que irradiaba olas de aire caliente, las maderas flojas de las viejas pasarelas que provocaban algún que otro resbalón y susto a la hermandad de la soga.

Dramático y múltiple contraste entre el miedo , el sopor y la magnificencia de las caídas de agua. Afortunadamente se impuso lo maravilloso. Volvimos felices al campamento.

Y al día siguiente comenzaron las actividades de despedida, justo en el momento en que el lugar nos resultaba menos hostil, había más sonrisas y menos agobio en las miradas de todos

. Con fogón,juegos nocturnos y bailes dimos por terminado el campamento.

Habían pasado diez i-nol-vi-da-bles  jornadas .

Los micros fueron llegando con sus listas y destinos, y así se fueron subiendo los muchachitos con sus bolsos mínimos y un brillo nuevo en sus ojos.

-¿Y el niño del Chaco? A él lo trajeron aparte , aclaró uno de los choferes.

Esperemos, ya vendrán ,nos dijimos…

-¿Y el niño del Chaco? Ya vendrán…

Ya vendrán. Parado solo en la tierra ladrillo. Ya vendrán

Y llegó nuestro micro , el que nos llevaría a la Capital -¿Y el niño del Chaco?

Con nosotros al Ministerio, a la Capital.

Y regresé a Tandil con mis bártulos polvorientos y mi corazón  del color de la tierra misionera . Después de varias décadas.. por  ese suelo quisiera volver a caminar.


28 respuestas a «EL PEOR VIAJE DE MI VIDA»

  1. Qué buenos relatos! Los disfruté a todos! Y voy a votar por el 6 porque me atrapó en su lectura y me sorprendió en su desenlace, por el 7 porque me hizo reír y también sacudir emocionalmente y por el 8 porque me llevó a esos viajes en los que no me gustaría ser parte tampoco! Jaja

  2. Me lo he pasado tan bién leyéndolos. Me he reido tanto porque, todos tienen su toque de dulzura, inocencia y locura que ahora…no sé a cuales debo dejar un poquito más atrás. Pero…
    1º El nº 8 LA EDAD DE LA INOCENCIA (me veo muy reflejada, ja ja)
    2º El 12 LA TERRACITA
    3º EL 1 CANTOS DE SIRENAS
    Y a todos los demás felicidades y gracias por hacerme pasar tan buen rato.

  3. Qué relatos imperdibles todos!! Voto por «Biodrama». Me imoactó la resolución final y las imágenes que evoca en relación al cuerpo.
    Y en segundo lugar «Gomita de colores». Excelente anécdota narrada en forma ágil.

  4. Hoy si, pude leer!!! Qué difícil tener que votar. Entre muchos de los que me gustaron, no tengo opción, marqué dos, aún sabiendo que no cumplo con las normas y les pido disculpas por ello. En primer lugar el número 6 (En el recuerdo), y en segundo lugar, el número 5 (Una nueva orportunidad). Las felicito por tan bonito emprendimiento!

  5. Mi voto va para el 9, un viaje terrible; un homenaje a la vida. En segundo lugar me gustó el 6, maravilloso viaje a través de los recuerdos de infancia. Todos me parecieron interesantes y los he disfrutado mientras desayuno en un domingo tan igual a cada día, recordaba a la marmota. Gracias!

  6. Muchas gracias por los relatos, muy buenos y muy bien escritos. Los he disfrutado mucho. VOTO POR 5. UNA NUEVA OPORTUNIDAD, muy bueno el giro final, inesperado y muy bien introducido como una experiencia real de la abuela. Mencion especial para 4. GOMITAS DE COLORES , con esa situacion tan comica y tan trágica provocada por dar de comer a ese perro latoso y al 6. EN EL RECUERDO manteniendo el suspense del drama de un accidente en coche hasta revelar la experiencia infantil en un tiovivo

  7. Mi voto en 1er lugar: Una Nueva Oportunidad y 2do: El Peor Viaje de Mi Vida. Aplaudo a cada uno por tan bonitos relatos, tan bien descriptos, vividos para la imaginación.

  8. Me gustó mucho el 12 – la terracita- por esas situaciones tan impredecibles que casi parecen de ciencia ficción . Y el título resumiendo la única posibilidad de desahogo de tan inesperada opresión.

  9. Para la cantidad de situaciones que ha dado el tema es impresionante. me encanta!!!
    Voto al 5 en primer lugar, por lo original, bien escrito, sorprendente. Al 8 en segundo lugar, me hizo reír muchísimo y también me parece muy bien escrito y al 2 por la imagen mental impresionante que se me formó con un hecho lamentablemente tan cotidiano. Gracias a todos !!!!!

  10. Que difícil votarrr, están muy buenos todos!!!! Voto por Cantos de sirena » me atrapó esas vivencias inesperadas por las que tuvieron que pasar…. fantástico!!! Y otro que me resultó muuuy tierno y original fue » La edad de la inocencia» hermoso!!!

  11. Sin dudas. El 9!!! Y el 12…tambien me gustó. La vida te da sorpresas…pero sin duda el 9!..me hizo sonreír…y recordar anécdotas… Gestos y chistes de mi padre….y no pude dejar de sonreir durante todo el relato…

  12. ¡Aplaudo los kilómetros recorridos de buenos relatos! En esta oportunidad elijo como primera opción el Nº 2 Biodramina, un texto crudo, narrado con unas imágenes potentes. Destaco el 1 Cantos de sirena una desventura terrible. Y el el 12 La Terracita tiene ese humor ácido que tanto me gusta.

  13. Muy buenos, difícil la votación.
    Voto por el 9:El peor viaje de mi vida? Por esa experiencia que produce cambios
    Y el 6. Por esa experiencia infantil que deja huella

  14. Aún traicionando la consigna en la parte «de mi vida», voto en 1er lugar por «La edad de la Inocencia». Bien escrito y excelente idea.
    En 2do lugar por «La terracita». La suma de situaciones y el final es muy bueno.
    En 3er lugar por la esperanza que deja, voto por «El peor viaje de mi vida»
    Menciones para el N° 3 y el N° 6

  15. Muy buenos relatos, he llorado, he reído y me he angustiado leyéndolos. Mis votos son:
    – CONCORDE, te hace poner en la piel de esa madre que entre tanta muerte tiene que proteger la vida de su hijo. Terrible!
    – EN EL RECUERDO, muy bueno el giro inesperado de lo que parece ser un accidente de tráfico a una mala experiencia en un tiovivo.
    – EL MUERTO, me ha encantado la historia. Tras la angustia el susto terrible y después la carcajada.

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