Encuentros

Gracias por escribir, leer y votar !!!!!!!!! Ya están al descubierto los autores de los relatos.

Ganadora: Claudia Caballero por su relato » Encuentro» (nº 9) con 16 votos. En segundo lugar Fernanda Artigas y su relato » la niña del anden» (nº 14) con 6 votos y en tercer lugar Alicia Moreno y su relato » Piedra libre» (nº 12) con 5 votos.

Sorprendidas y agradecidas estamos del acompañamiento en esta aventura de sacar a tras muro las ideas que brotan en cada uno de ustedes transformadas en relatos cálidos intensos. Saberse leído por otros fortalece el impulso de seguir haciéndolo, en esta segunda oportunidad contamos con más lectores, se viralizó en el más hermoso sentido de la palabra.

Es por eso que deseamos seguir “dando motivos” para escribir y proponemos esta tercera edición que se encuadra en ENCUENTROS.

Una idea que redunda en estos días de reclusión es la vuelta a los ENCUENTROS, con los otros, con los afectos con la actividad detenida en el tiempo, con objetos o metas.

Cada encuentro es un reencuentro porque en ese acto se disparan sentimientos de expectativas, pérdidas, añoranza, frustración o euforia; el abanico es infinito.

Queda abierta la invitación como así también la puerta de la imaginación, sin confinamientos ni restricciones. ¡A jugar!!

Las bases para participar están en http://www.viajeronomarioneta.com/cuentos-en-cuarentena/

Encuentros con….

Relatos

Hemos pensado que podía ser más divertido colgar los relatos sin poner quien los ha escrito. Así podremos «descubrirnos» más tarde, al finalizar la votación.

1. VUELVE LA RUTINA de Isabel Mateos Ruiz

¡Se acabó! Se acabó el verano y aunque no nos apetezca nos incorporamos a la rutina. Nos miramos de soslayo y observamos que nos sobra un poco por aquí y otro poco por allá. ¡En fin! Hay que volver al gimnasio.

Yo voy al de mi pueblo. Por eso de tenerlo cerca. No hay mucha gente y lo que pudiera parecer un fallo para algunos, mira por dónde, para mi es un acierto.

Algunas veces hasta me encuentro con alguien a quien no solemos encontrarnos muy a menudo. Conmigo misma. Me subo en la cinta de andar, miro al techo, que por cierto, en el ángulo derecho tiene una telaraña. Bueno está un poco alta. Deslizo mi mirada un poco más al centro y me encuentro un cartel blanco con letras impresas en azul eléctrico que indica “MIOÑO SPORT”. Bajo un poco la mirada y ¡Coño! Ahí estoy yo. Perdón por la palabrota. Algunas veces, cuando estamos en honda, nos detenemos y hablamos la una con la otra y hay otras veces, como hoy, en la que nos ignoramos.

Miro detenidamente el espejo que tengo en frente e inconscientemente, veo deslizarse una sutil cortinilla. Es la que da acceso a la imaginación. Detengo mi mirada en ese punto, sin dejar de andar claro, que el michelín está bien instalado, y observo.

Pasa ante mis ojos un pequeño dragón color verde, seguro que para camuflarse porque donde se halla es en un bosque con árboles grandes y robustos. Todos tienen, seguro, un montón de años. El dragón tiene una cresta que desciende decreciendo por su lomo hasta alcanzar su gruesa cola. Se mueve sigiloso entre la jara, los brezales malvas y las matas de moreras. Se acerca a estas y comienza a elegir una a una, las maduras moras de granos jugosos. ¡Menuda zampada que se está pegando! Bueno, él es un dragón y se supone que los dragones tienen un apetito feroz. El dragón de este bosque, harto ya de moras, se tumba sobre las crujientes hojas caídas que le sirven de colchón y se queda “frito”.

¡Cuánto duerme este dragón!. Toso, con la mala intención de despertarle y lo consigo. El dragón estira primero sus cortas patas, y luego irguiendo un poco su cuello bosteza. ¡Dios mío! Una llamarada inmensa sale de su boca y el bosque, reseco por el sol del verano, comienza a arder. Esto ya no me gusta. Quiero cambiar de historia. Parpadeo, porque con la emoción se me había olvidado, y tras de la sutil cortinilla que abre paso a la imaginación, observo a un hombre con traje gris oscuro. Tiene una mirada sucia y una risa un tanto malévola. Quiero verle mejor, pero él se oculta. Me paro a pensar un poco y me viene la idea. ¿Y si no hubiera sido el bostezo del dragón el causante del terrible incendio?.

¡¡Ay, qué calor!! Claro, como que llevo corriendo casi una hora. Ahora mismo me paro, me doy una ducha y corro a mi casa que los niños llegarán pronto y vendrán hambrientos.

2- ENCUENTRO Y REENCUENTRO de Ernesto Carlos Valor

“…y aunque la muerte acecha, no asesina sin dejar una lección:

la de estar juntos.
Nos volveremos a ver, descuida,
si no es esta es en otra vida.
Dale un momento y nos volvemos a encontrar,
nos volveremos a ver, tarde o temprano…”

REENCUENTRO (Dildo)

     -La vida es todo- me dijo muy segura de sí misma como en un gran desafío.

     -¿Y la vida es también muerte?- le retruqué sin darle tiempo a que tomase aire.

     Se quedó pensando y, de paso mi mente y yo también nos perdimos en ideas sobre la vida y la muerte. Empecé a imaginar que ambos son componentes de una misma cosa, que solo están diferenciadas por el tránsito de una a otra, casi como un fluir circular.

     Mientras, llamo al mozo y le pidió otros dos capuchinos.

     -La muerte es el camino hacia el principio de la vida- dije, lo que provocó que me mirase largamente, con un inusual brillo en sus ojos y una sonrisa de medio lado.

     -Me encanta tu libertad, tu alegre desapego. Me da placer la resolución con que das los pasos que te llevan a la inmensidad de la vida porque me enseña que es posible y que puedo hacerlo, sólo tengo que decidirlo.

     Con los nuevos pocillos sobre la mesa contemplé el horizonte marino y me acordé de Juan Salvador y en como Richard Bach lo hizo discurrir sobre cuestiones parecidas y le plantee, más para mí mismo que para ella:

     -¿Y para vos?, ¿qué es el amor?-

     -Ah, ¡tramposo! Eso es inefable -se sonrió-, pero recojo el guante y te digo que, para mí, si le voy a definir, el amor es vida, es ‘la vida’. Y es compañía, y placer, y alegría, y plenitud… Como te dije recién sobre la vida; es todo.

     Tal como jugábamos desde adolescentes, seguíamos usando lúdicamente esos  sables de verbo en frecuentes esgrimas mentales que hacían que el tiempo perdiese sentido. Era a la vez que un esparcimiento y una diversión, una ejercitación de estrategias dialécticas que utilizábamos para reafirmar cada vez nuestro amor propio y el amor mutuo.

     Mirándola y sin cerrar mis ojos, deposité un beso en sus labios.

     -Sos un sueño, sos mi sueño- le dije

     -¿Qué tipo de sueño? ¿Una ilusión, una ficción?-

     -No, sos el sueño que me hace planear el mañana, que hace que en mi mente se produzcan ideas para tener un futuro a nuestra medida-dije- ¿Te parece una utopía?-

      -Quizás, pero ¡propongámonos utopías entonces!, para llegar más alto, más lejos, para ser más de lo que hoy somos-

      Y así, jugando con sueños y libertades, el amor iba haciendo que la muerte no terminase con nuestras vidas sino que las recrease. Y quizás hasta reencontradas.-  

3- NOSTALGÍA de Enrique Cerezo

Eran otras épocas. Más lentas. Donde había tiempos para saborear expectativas y triunfos. Donde derrotas y fracasos parecían eternos.

La adolescencia tenía todo eso.

Las revistas juveniles traían direcciones de jóvenes de todo el mundo, que querían intercambiar correo. Y correo, era eso. Cartas enviadas con estampillas que podían tardar 20 días, en el mejor de los casos, en llegar a destino.

Y ahí estaba. “Paquerette Desplants, 16 años, Nimes, Francia. Desea cartearse con jóvenes argentinos. Escribe en francés e inglés”. No se si fue su nombre (que después supe que significaba Margarita), la ciudad de la nunca había oído, o algún destino escrito en las estrellas, lo que me hizo escribir esa primer carta.

Pasaron casi dos meses. Llegó la respuesta.  Me había elegido entre las cinco cartas recibidas para iniciar esa relación epistolar a una distancia que en ese momento parecía infinita.

Hablamos de estudio, amigos, proyectos, planes. Comenzó a estudiar español, yo a garabatear algo en francés. Fuimos haciéndonos íntimos, con la intimidad demorada siempre en las respuestas, porque el correo se empeñaba en no entender que éramos jóvenes, ansiosos, con la urgencia de necesitarnos cada vez más. Esa urgencia que nos hacía enviar dos cartas en una semana y recibir después de un mes, la respuesta a la primera porque la otra aún no había llegado. Hablamos de amigos, de besos furtivos, de amores eternos que duraron solo unos meses. Nos contamos secretos de esos que no les hubiéramos dicho a los más cercanos por miedo a que se divulgaran, amparados en esa intimidad única que dan las cartas y la distancia.

Casi tres años después nos confesamos la necesidad de encontrarnos. Los deseos juveniles se enfrentan a las realidades de la vida, esas que decían que para mi era imposible.

Entonces, una Navidad, llegó la mejor carta que pude haber recibido. La que me llenó de esperanza, la que prometía un futuro. La carta que me hacía descubrir que, seguramente y sin darme cuenta, estaba enamorado. La carta donde decía que ella y sus padres vendrían a conocer esta parte del mundo al año siguiente.

A partir de entonces solo una palabra llenó mis días. Encuentro.

Encontrarnos iba a matar las horas vacías, suprimir las ansiedades, derrotar los fantasmas de la espera. Sus cartas siguientes hablaban de las mismas expectativas. Pasamos a ser dos personas con un único ideal: encontrarnos.

Después, dos meses sin recibir nada. Una carta. Dos. Sin respuesta.

Una mañana llega un sobre. Veo rápido estampillas francesas. La abro casi sin darme cuenta que la letra no era la de mi amiga. Estaba integramente escrita en francés. Algunas palabras casi ilegibles, borroneadas por agua (que después comprendí, eran lágrimas) escritas por su madre. No se que decía, sólo dos palabras ocuparon mi mente y mi corazón durante años: “accident mortel”.

Hoy, cuando la inmediatez de las comunicaciones no nos permite el tiempo de soñar entre idas y vueltas de un diálogo, todas aquellas esperas de mi adolescencia que iban a culminar con el encuentro, solo me dejaron la peor de las nostalgias: la de aquello que nunca sucedió.

4- EL RETORNO SIEMPRE ES DIFERENTE AL SOÑADO

de Lorenzo LLorente

El retorno siempre es diferente al soñado

Bajó del autobús, pisó su tierra natal después de 3 años ausente. Después de tres años volvió con una derrota y una perdida en su haber. Llegó a su pueblo para el reencuentro con los suyos, pero los tres años se cobraron un hilo de su vida.

Los hilos que sujetan nuestro destino pueden parecernos fuertes, pero son extremadamente delicados y misteriosamente intrincados.

48 horas antes una llamada de teléfono le hizo tambalear. Al otro lado, volvió a oír su lengua materna. La entendía con dificultad, no porque se le hubiera olvidado su idioma, sino por lo difícil que es entender a alguien por teléfono cuando se mezclan palabras, sollozos, gritos. El suelo, duro y sólido, se derritió, parecía tragársele. Entendió todo al momento y salió corriendo, a pesar de la fluidez e inconsistencia del suelo.

El olor del guiso de casa, la mirada de la persona que te gusta, … Son pequeñas cosas que permanecen, con las que nos reconocemos y nos dan un suelo firme.

Los tres años que precedieron al reencuentro fueron un deambular en un lugar desconocido, con una lengua desconocida, con costumbres diferentes, con caras nuevas, muchas de ellas agresivas, las demás, indiferentes, sin oportunidades a la vista, sin poder cumplir el sueño del emigrante, sin nada amable que recordar después de un duro día. Nada, absolutamente nada, le es común.

El desarraigo no es metafísico. Vivir con el cuerpo en un sitio y con la mente en otro es perfectamente posible,

Él fue quien le animó. “Yo, con tus quince años tuve que irme a trabajar a otros lugares para ganarme la vida. Ya verás como te va bien. Eso sí, vuelve, nunca te olvides de quién eres, no olvides tus raíces, se honesto y piensa en nosotros, que nos quedamos para esperarte. Siempre estaremos aquí”.

Hay gente que vive sin ancla. Otros, tienen anclas pesadas que no dejan partir.

“Padre, ya he llegado, he vuelto para quedarme, me ha ido muy bien, te he añorado mucho, adiós”

5-EL VIAJE de Yamile Said

Al subir al avión la sonrisa no cabía en mi cara. Miraba..no se que. Pensaba más allá de la observación de las cosas que veía por primera vez .Escuchaba pero en mi cabeza había otro eco que hacía que mis ojos resplandecieran.

Bajamos del avión, para buscar las valijas todo un tiempo(demasiado para mí y en estas circunstancias). Salimos, tomamos un taxi, la sonrisa dibujada y no entendía, ni quería entender de lo que se hablaba. Estación de tren. Sacar el boleto, ir al andén rapidito,  no sentía el peso de las valijas, tampoco recuerdo si tenía  una sensación de  frío o calor; subir, ¡Qué bueno que es el tren rápido!!!! Y el paisaje estaba allí pasando acelerado, como si estuviera muy lejos.¿¿Cuánto falta ??

Llegamos!!!!!!y uno que espera bajar del tren  y que la gente esté allí, pues no ,una fina y laaaarga escalera mecánica, tal vez yo la veía más larga de lo que en realidad era, me separaba de él, que lo veía chiquito allá arriba. No podía subir con la valija, las dos quedaron para que las subiera Dany. Yo no podía parar, tampoco esperar, ¡Cuantos escalones…mi rostro estaba enfocado en la punta de esa escalera que a medida que iba subiendo su rostro se aclaraba cada vez más, su fisonomía se hacía más real, su sonrisa ya la podía observar y yo subía de a dos escalones a la vez y solo pensaba que lenta es esta escalera y porque tan larga y mientras subía mi pecho saltaba, la alegría se adueñaba de mi físico todo completo, solo atiné a saltar ese último escalón para fundirnos en un abrazo con mucha fuerza donde nuestros pechos al encontrarse se sentía el corazón de los dos acelerados por la hermosa adrenalina de sentirnos, donde la piel transmitía amor, donde el olor se reconoció, donde las lágrimas resbalaban y la sonrisa sobresalía porque allí después de tres  años y medio  te podía abrazar HIJO MÍO-

6-SEIS ESTACIONES de Alejandra Guzzini

El tren traquetea con metálica costumbre arrastrándose sobre los raíles y Marta cierra los ojos para no repetir cada día, cada árbol. Su mente se desliza por caminos que la conducen al paraíso.

Sólo seis estaciones para revivir el encuentro prohibido.

Esos brazos que la rescatan del olvido, un cuerpo haciéndola vibrar al que besa con delirio.


-«Quiero más»-piensa, sintiéndose súbitamente viva, como si los dedos de su amante vagaran todavía por su piel. Un oasis generoso en su desértica rutina.


-«Que no se me note»- ruega rítmicamente, acompañando el vaivén del tren.

Son sólo seis estaciones de vida…

7- ENCUENTRO de Daniel Said Muñoz

Huy!!!! Verano en La Plata , que pesadez!! Qué clima más caluroso. Verla con esa panza enorme y sus pies hinchados me resultaba una sensación agridulce. Por lo demás, o sea suegros, padres ,hermanos, siempre estarán y están con nosotros, algunos aunque sea en el recuerdo.

Aquella mañana de enero se presentó muy lluviosa , el agua invadía las calles de par en par , hasta algunas veredas se inundaban, era muy temprano para salir con esta lluvia a la Clínica. Pero allí fuimos, mi corazón latía con fuerza porque sabía que íbamos a una cita impostergable, una cita obligada y a futuro…Y allá fuimos , la lluvia paró, el calor siguió, tuvimos una falsa alarma , había que esperar; y esperar con ansiedad es la peor espera

Así fue pasando el día, hasta que en horas de la tarde volvimos a la clínica, esta vez ya éramos “una banda”; y en la soledad de esa hora, ya noche, el estallido de un llanto de bebé rompió el silencio y yo supe que ya era la hora de vernos y me fui sentando contra una pared con el corazón y las piernas encogidas sin ninguna silla .Y mi corazón latiente creo que se paralizó ; una enfermera me trajo una bebita que a mis ojos era hermosa y perfecta, y así nos encontramos por primera vez , y tuve en mis brazos el mejor regalo de reyes que nunca antes pude tener. 

8-COMPAÑERO FIEL de Claudia lucia Mendez

Me gusta pensar que a veces, aún los sucesos más tristes, se relacionan con otros, que con el tiempo, nos damos cuenta que dejan rastro en nuestra vida. Y este es uno de esos…

Una tarde gris, una espera dolorosa, llorando las últimas horas de un ser querido, buscando alejarnos de tanta tristeza, manejaste la camioneta alejándote de la ciudad, por aquel camino de tierra. Llegaste hasta una  tranquera, te bajaste y caminaste lentamente a abrirla. Te vi agacharte y acariciarlo. Pobre perro, dijiste, parece perdido…. Tiene lindo pelaje, pero está sucio, descuidado y tan flaco… no es cachorro, tiene sus años. ¿Quizá sea bueno como perro guardián… lo llevamos?

Desde aquel encuentro, inesperado, durante un día para olvidar, el Lui, así lo llamaste, fue tu compañero incondicional, celoso ocupante de su espacio en la caja de la camioneta, guardián de la casa, medio chúcaro con los chicos y bravucón con los desconocidos, aguerrido con cuanto animal se le cruzaba en el campo, que más de una cicatriz le dejaron en su lomo. Miedoso con las tormentas, único motivo por el que tenía permiso para esconderse adentro de la casa. Con un sentido de orientación llamativo, varias veces perdido, pero siempre volvía, fiel y maltrecho buscando a su dueño, buscando su lugar…

Cuántos años tenía, nunca lo supimos… Ya muy viejo, apenas caminaba pero igual te seguía meneando la cola.

Viviste con nosotros catorce años desde aquella tarde gris de octubre cuando quizá, vagabundeando, encontraste un amigo, un compañero fiel, que siempre te recuerda con un dejo de nostalgia cuando dice…el Lui, que buen perro…

9-ENCUENTRO de Claudia Caballero

Y un día apareció.

Era luz, era paz y me hablaba…

Sabía quién era, por varios días venía a mi encuentro en sueños y no lograba entender el mensaje por más que lo intentaba.

Ya de día, la rutina avanzaba en cada acción, y solo quedaba un dolor en el pecho que en los huecos libres pujaba por salir, acallado por respuestas a llamadas telefónicas, encuentros casuales o pensamientos inventados.

Así, en otro encuentro entre sueño y realidad, logré entender el mensaje. Quizás siempre lo entendí, y solo lo extraño de esos encuentros me permitían esconderme al miedo de ser yo, la que tenía que juntar mis propios recuerdos para enfrentar una mirada, que, como la mía, veía transcurrir la película de la vida, en una escena de horror sin saber cómo continuar.

Y fue su paz, su luz, su calma tan viva y tan real la que me pidió que fuera a su casa y le avisara a su padre que estaba bien.

Junte coraje y no menos lágrimas. A la pasada levante el libro “El otoño de Fredy la hoja” de Leo Buscaglia, contiene el mensaje más claro para el alma cuando se ha perdido un ser querido.

 Al llegar allí, la iglesia Danesa parecía imponente, logré respirar muy hondo con alivio, la puerta no se abrió.

“Lo intenté” me dije y volví a casa sin paz.

Esa vez en sueños solo la percibí y medí cuenta que era necesario intentarlo de nuevo.

La puerta se abrió y en ese encuentro, solo existieron palabras relacionadas al préstamo del libro. Pero hubo un mensaje profundo, cercano, donde las miradas se encontraron y dialogaron en silencio, ese silencio que se entendió compartiendo una etapa no muy lejana para mí y cercana en la de él.

Habían transcurrido pocos días del accidente y en aquel encuentro su mirada tenía paz, quizás también él, había sido visitado por ese maravilloso ser lleno de luz que había logrado cumplir su misión entre nosotros

10- AMAPOLA NO ESTÁ SOLA De Maru Silva

             Mi hermana menor: Amapola; mi hermana que le sigue: Amapola;  y yo, Amapola. Pobre mami nunca se esforzó mucho por nosotras. Tampoco tuvo en cuenta las complicaciones que su falta de empeño nos traería en la vida. Desde pequeñas, fuimos apodadas Lamayor, Ladelmedio y Lamenor. Cuando murió mamá se llevó a la tumba el secreto de nuestra procedencia, no sabemos quién es nuestro padre, ni las razones por las que ni siquiera yo, que soy Lamayor, lo recuerda en absoluto. Mi madre siempre fue  de dejar para mañana todo lo que pudiera hacer hoy y terminó por  agotarse su tiempo sin revelarnos nuestra identidad. No tuvimos por herencia más que una máquina de coser con la que me gano la vida y la que me ha permitido criar a mis hermanas. Hasta ahí, hasta donde he podido. Tampoco es que me deslomo, lo imprescindible para subsistir con relativa dignidad. Ambas recibieron educación, aunque Amapola Lamenor es medio tarada, pobrecita, hace lo que puede, en este momento está tratando de tejer, en pleno verano, un ponchito para el Boby,  calculen ustedes la utilidad de sus quehaceres. Nunca averiguamos mucho sobre cuál es el grado de retraso mental que tiene, ni tuvimos el impulso de hacerla tratar, siempre lució una amplia sonrisa, y es  ella, mi grata compañía en mi mundo perfecto. Mamá tenía razón, no tenía caso sacrificar a la familia con estudios y médicos, “si la chica es feliz”. Amapola Ladelmedio también es querible, dentro de lo que pueda abarcar el término, no la odiamos para nada. Ella es normal, es decir, normal que terminó el colegio y adquirió gran habilidad tecnológica. Cada poco siente la irrefrenable necesidad de desarmar su celular no sabemos con qué objetivo.  Esa tarde yo estaba cosiendo unos pañuelos, cuando la Ladelmedio, entró impetuosa y me arrebató el celular que tenía apoyado arriba del alfiletero -a veces busco cosas en internet para agregar creatividad a mis prendas-. “¡Epa! ¿Qué le pasa a la diva?“ –atiné a decir- a lo que contestó sucintamente, “¡pará!”, mientras ingresaba o buscaba datos, a gran velocidad. El suyo lo tenía todo desarmado en una bolsita de supermercado. Lo consideré un abuso, era mi celular, perdí la calma.  ¡Amapola! , ¿Qué? –dijeron las dos- ¡devolveme mi celular!. Ladelmedio ignoró mi reclamo y siguió dele que dele sacándole chispas al aparato, hasta que con un suspiro profundo, dijo aliviada: “lo logré”.  Toda mi atención se la llevó su atuendo, lucía un hermoso vestido floreado, mío también, y sandalias de salir, poco común su look en un hogar tan informal. Se había alisado el cabello y se había maquillado tenuemente. Lucía fina. Era la primera vez que se notaba algún esmero en la familia.  Me tiró el celular y se volvió apurada al dormitorio a buscar una  maleta, nos miró fríamente y dijo:  “me voy”. También era esto una situación atípica, en esta familia nadie nunca tuvo prisa. ¿Y a dónde se va la princesa? -pregunté burlonamente-. Contó escuetamente que se iba  a  México a encontrarse con su novio. Ella nació para casarse, siempre soñó con su vestido blanco, el cura, los monaguillos, todas mitologías suyas, nunca había entrado a una iglesia. Pero su vida era un lamento, siempre se sentía, “sola”.  Aunque no lo crean, Amapola Ladelmedio se había conectado con un tipo en un sitio de citas y ella  lo denominada, “mi novio”. El desconocido le había comprado el pasaje por internet, sólo tenía que ir al aeropuerto retirarlo y partir rumbo a su nueva vida. Para lo cual le pasó todos los datos de mis tarjetas de crédito porque aparentemente debía cancelarlo con un medio de pago local y por supuesto él, luego, le devolvería todo lo gastado. El creativo señor la estaría esperando ansiosamente con un ramo de amapolas y un estuchecito que quizás tuviera los anillitos dentro, según lo poco que se podía apreciar en la única foto de sus manos, que le había mandado por mail. “Decidimos un encuentro a ciegas porque es potenciador del amor”. Así nos dijo y se marchó. Intenté detenerla gritándole cosas horribles, “le diste nuestros datos a un desconocido, seguro que es un delincuente, un asesino serial, debe haber detectado mi celular satélitalmente y estará viniendo para acá a descuartizarnos a mi y a tu pequeña hermana boba”. Lamenor se tentó y me hizo a reír a mi también  -arremetí de inmediato con más dramatismo- “nos estás entregando a manos de un criminal que de un momento a otro tocará timbre haciéndose pasar por un bombero o vaya a saber con  que excusa pelotuda nos tenderá la trampa mortal”.   Timbre; bomberos voluntarios, señora –se oyó aterrador-.  No le abrimos. Era obvio que yo había exagerado con la imaginación pero por las dudas, no le abrimos. Mi hermana Amapola Ladelmedio, nunca más volvió. Hasta hace un tiempo la recordábamos, y pensábamos cómo le habrá ido con el mexicano, tendrá hijos, comerá insectos proteicos o, ¿la habrán asesinado?. Pero además de la máquina de coser heredamos de mamá, la poca voluntad para enredarse en odiosas investigaciones, así que se esperó un tiempo prudencial y se tomó la decisión por unanimidad, de dar por cerrado el caso con optimismo:  Amapola ya no está sola, y ha sido, sin la menor duda,  un encuentro feliz.

11 -EXTRAÑOS EN LA NOCHE de Paola Celentano

Enero de 1995, en cercanías de la ciudad de Tandil, un grupo de 12 amigos adolescentes que estábamos acostumbrados a juntarnos y pasar los fin de semana en el campo disfrutando de la naturaleza decidimos encontrarnos en la esquina de “El Surtidor” (como se llamaba en esa Época) con nuestros vehículos (las bicicletas) y las mochilas cargadas de las provisiones que necesitaríamos para pasar esos días juntos. Fue así que partimos por el camino de tierra pedaleando por 23km hasta llegar a la tranquera de “La Juanita” y así instalarnos en su casa de campo para pasarlo tan bien como lo hacíamos siempre. Cuando caía la noche y las primeras estrellas comenzaban a aparecer en el cielo preparamos nuestro ritual de siempre, el fogón.

Así, cada uno contaba historias y nos reíamos muchísimo hasta que de pronto vimos sobre el monte de eucaliptus una luz blanca brillante  que nos llamó mucho la atención, una luz que no se parecía a nada conocido, así que como adolescentes curiosos que éramos, nos encaminamos hacia el monte para ver que era; entramos en la oscuridad de los árboles y de pronto la luz desapareció hasta que de un momento a otro la teníamos sobre nosotros, iluminándonos hasta dejarnos encandilados, nos quedamos perplejos ante tamaño acontecimiento sin poder reaccionar ni decir nada, pero tampoco nos interesaba la idea de salir corriendo, estábamos ahí y  era lo que nos tocaba, de alguna manera lo estábamos disfrutando, nos producía una paz muy extraña, nunca vamos a saber lo que duro ese momento, mientras nos sucedía nuestros cuerpos eran como destellos de luz que estábamos suspendidos a unos centímetros del suelo. De pronto, la luz desapareció, nosotros ya no estábamos en el monte sino alrededor del fogón nuevamente pero el fuego ya no estaba encendido, la noche volvió a ser completamente estrellada y cuando pudimos recobrar la conciencia, tampoco nosotros éramos los mismos, algo nos cambió esa noche, algo que no supimos nunca que fue pero sin dudas nos cambió. Ese encuentro fue el último que tuvimos como grupo de amigos porque esa noche algo distinto se impregno en todos nosotros, fue un encuentro que jamás imaginamos pero que por alguna extraña razón nos tocó. Alguien o algo nos eligió para encontrarnos en esa noche, en ese campo y enseñarnos que siempre te puede sorprender un suceso que te puede cambiar la vida.

12- PIEDRA LIBRE !!! de Alicia Moreno

48, 49, 50… ¡Punto y coma el que no se escondió se embroma!!!!!

Me saqué las zapatillas, y así sin medias me aseguré que nadie escuchara el crujir del suelo.

¿Te acordás amiga de ese piso lustroso de los cuartos de mi casa? Usábamos los patines de mi madre para simular que patinábamos en el hielo en una pista imaginaria.

Aposté por asomarme a la cocina, estaba más que segura que la iba a encontrar ahí. Entre la puerta medio abierta la divisé detrás del vajillero, un sonido a ardilla royendo una nuez provenía de ese rincón. Y la pude ver como engullía una galletita mientras en cada mano contenía otras tantas, garantía de un refuerzo para el después.

Corrí gritando ¡Piedra libre para Patricia que está en la cocina!! Así dando las coordenadas de mi primera víctima dejaba en claro la veracidad del hallazgo. Esto me lleva a pensar que estos rasgos legalistas fueron el preludio de una carrera en leyes. ¿Quién diría no?

Como quien diría también que ese acto de Patricia, se repetiría a lo largo de la adolescencia, por más que la frívola de su madre lo minimizara, la serie de internaciones que padeció no eran simples “controles” de salud.

Si, si te lo conté en el último mail que te escribí, la había visto en la reunión de los veinte años de egreso y estaba con esos ojos hundidos que desentonaban con ese disfraz de sonrisa mal dibujada.

Como un perro de caza, me deslicé con sigilo hacia el cuarto de mamá, me arrastré como una culebra por el piso, las puertas del ropero abierta no ocultaron unas piernas delgadas que calzaban tacones, supuse que quien se hallaba allí no estaba muy preocupado por ser descubierto.

Busqué un mejor ángulo que me diera pistas de mi próxima victoria en investigaciones. Y ahí a trasluz Martín se deleitaba con la imagen que le devolvía su reflejo envuelto en el saco de visón que me prohibían terminantemente tocar. Un cruce de miradas dejó al descubierto un escondite y un secreto que llevaría quince años de terapia y de sufrimientos en soledad. Después de la muerte de su padre se casó con Manuel, el hijo del panadero de la esquina de tu casa.

Te adiviné siempre, tenías que estar ahí, era casi una certeza; siempre en mi cuarto, ahí donde nos confiábamos los secretos, dónde me contaste la primera vez que besaste a alguien, ahí donde llorábamos juntas, ahí donde me llevaba el teléfono para hablar a media voz sin que me vieran mis padres.

Me sorprendiste esa vez, no estabas, engañaste mi intuición.

Un ruido te delató en la salita de los trastos, abrí con un movimiento seco la puerta para desconcertarte, te vi acurrucada entre las valijas y arcones, abrazando un bolso pequeño, como aquel que estrujabas antes de subir al avión. Una elección de escondite que anticipaba un presagio, la distancia, la otra orilla de una vida dejando una punta de un ovillo en mi mano y un tejido de historias desde el otro lado.

En esa ocasión fuiste mi presa, piedra libre para vos, piedra libre para el destino.

Restaba uno por encontrar, anticipaba sus elecciones, no podía fallar en esta oportunidad.

Ernesto tenía que estar en la biblioteca, él siempre estaba en la biblioteca, con los libros de los “grandes” esos que una vez fueron quemados en la parrilla el día que se presumía una visita desagradable.

No le cabía otro nombre más que Ernesto, hacía honor a él, si alguien necesitaba una defensa siempre recurríamos a su diplomacia, si había un delegado para hablar con la directora era quien marchaba con el petitorio.

Lo busqué, lo llamé, grité su nombre una, dos, varias veces. Silencio.

Otros pasos se habían anticipado a mi búsqueda, de marcha, de botas, de fusiles, de dolor y de ausencia.

¡Vamos amiga, que esta vez quiero terminar el juego, que no quede inconcluso, que alguien grite fuerte, que se escuche en todos los rincones: ¡Piedra libre para todos mis compañeros!!!!

13- SILVITA De Susana Huarte

“Flaquita, a mí me meó un elefante” así me decía siempre Silvita. Muchas veces traté de imaginar cómo sería que el paquidermo orinara sobre ella y no lo veía muy factible, no solía haber muchos elefantes en la zona. Pero sí sabía lo que Silvita quería decir y era que otro fracaso, casi increíble, se cernía sobre ella. Y yo siempre trataba de disuadirla de que el paquidermo no venía por ella. Porque siempre sentí que esa era mi misión, así la acepté a ella y a lo que pregonaba. ¿Qué era lo que me impulsaba a intentar sacarla del empecinamiento en el que el mundo estaba en su contra?  ¿Sería algo mesiánico?  Pero no siempre eran meadas de elefantes, otros días eran “Yo necesito tener una zanahoria delante” y ahí me convertía en una animadora que alentaba al equipo de futbol para que metiera el gol.  Mi postura era: hay que luchar por lo que venga, aunque nada lo justifique.

Pero, a Silvita, la meo muy mal un elefante. Quedo viuda por segunda vez. Y esta vez, del amor de su vida. Y no tenía zanahorias para alcanzar y se sumió en el dolor, un dolor que parecía querer quedarse para toda la vida y yo ya no estaba ahí para intentar alejar a ningún paquidermo, aunque lo intentaba a la distancia.  Ese dolor fue parte mía.  Desde lejos traté de lanzar mensajes de ayuda que probablemente poco ayudaron. El dolor es fuerte a las palabras. Las ignora, se aquerencia con las personas y quiere quedarse para siempre.

Y pasaron los años, y amiga mía, apareció tu zanahoria. Un proyecto social con mujeres embarazadas ¡Cómo cambiaste! Te convertiste en una mujer que disfrutaba muchísimo ayudando a los demás, daba gusto hablar con vos, se habían ido todos tus demonios conspirativos.  Nos veíamos una vez al año, cada vez que yo viajaba. Ese encuentro duraba horas y horas y me contabas tus proyectos que esta vez se convertían en realidad pese a los orejudos grises. Qué envidia amiga mía, yo la que te había alentaba no había logrado todo lo que ahora tu tenías. Y ahí fue cuando yo empecé a ser meada por los elefantes y vos me escuchabas. Era cuando yo decía “hora de llamar a Silvita”, no puedo esperar a verla. Te mostré todas mis debilidades y vos que sabias de ser meada por los elefantes me entendiste, me comprendiste. Y mi alma podía estar en tu regazo. Todos los 6 de enero (aunque cumplías el 5 pero siempre me olvidaba) te llamaba para decirte feliz cumpleaños y gastarte bromas que estabas muy vieja, porque tenías 13 meses más que yo. Nos reíamos mucho y siempre me alentaste a escribir “dale flaquita, vos sos buena”.

La última vez que nos vimos me dijiste que tu salud estaba muy mal y no te creí. Otra vez me saltó un positivismo absurdo. Habías pasado tanto… Me intentabas decir que te ibas y yo no lo supe o no lo quise entender.

Ya no soy flaquita, intento que los elefantes no me meen, persigo zanahorias tranquilamente pero ya no te tengo Silvita. Me queda el recuerdo de tu voz, grave, soberbia, y tus amorosos silencios para dejar hablar al otro.  Porque una amiga es para toda la vida, aunque ya no este, aunque la meen muchos elefantes y malgaste muchas zanahorias.  Siempre estarás en mi corazón y tal vez, quien sabe, algún día volveremos a encontrarnos.

14 -LA NIÑA DEL ANDEN de Fernanda Artigas

Ana había ido con su padre a la estación de trenes, no solía llevarla pero esta vez lo hizo.

Mientras él se ocupaba de los asuntos del trabajo, ella empezó a ocuparse de hacer brillar su imaginación. Era otoño y estaba algo fresco a pesar que era el mediodía y el sol acariciaba con todas sus ganas aprovechando la total ausencia de nubes. Llevaba puesto un jumper, como esos escolares, de tela escocesa con mezcla de lana que hacía picarle todo el cuerpo. Debajo tenía una polera de jersey, las que llevaban detrás del cuello un cierre que al subirlo y darlo vuelta se ajustaba y quedaba prolijamente doblado.

Sus zapatos marrones estaban un poco desprolijos y con las puntas gastadas y sin lustrar,  se prendían con una presilla, que tenían una especie de botón como una media perla al tono y en el medio un pequeño clavo de  metal que lo sostenía al cuero, con el ojal de la tira que cruzaba el empeine, lograban en una especie de comunión, quedar prendidos.

Las medias caídas, abullonadas en sus tobillos la hacían sentirse libre….lejos de  escuchar ese modo imperativo… “levantate las medias”

Sus grandes ojos verdes intentaban en una especie de radar, percibir, entender y asimilar todo cuanto veían. – El andén, que para su corta edad le parecía interminable, la boletería, los bancos de vieja madera para los pasajeros y ese circuito de hierros que a su antojo los imaginaba un laberinto donde debía adivinar y jugar hasta encontrar la salida. –

De repente escucho una voz,  _ Quieres subir? _ le preguntó un señor uniformado de chaqueta azul oscura y  gorro al tono.

No lo pensó, subió con rapidez los tres escalones del vagón. _ Gracias! _ contestó.

Se sentía una viajera con destino desconocido y sus zapatos comenzaron a trasladarla de un lado para otro buscando una butaca, también eran de cuero marrón y algunas estaban agrietadas. El vagón tenía olor a cosas guardadas, a cosas con historias, las de los pasajeros…las de cada destino!

Se sentó contra la ventanilla, el aire en su cara acompañaba el viaje y la velocidad del vagón lograron que comenzara a hilvanar el proyecto de su travesía.

Las imágenes se sucedían unas tras otras llenas de colores, aromas y secuencias y se sintió protagonista. La vegetación, el caserío y el espacio polvoriento la mantenían sin tiempo, sin apuro, sin regreso al modo imperativo de sus días, que tanto la abrumaban.

Viajó todo el tiempo que pudo, aferrándose a  aquella aventura en la que se sentía viva y plena. Conoció nuevos lugares, nuevas ciudades, gente diferente con la que le gustaba relacionarse y aprender de ellas sus experiencias para luego pensarlas y dejarse envolver de manera mística. Conoció el amor y eso la transformo en un estado de constante atracción irresistible por ese sentimiento que la alejaba de las miserias mundanas, del egoísmo y de los impulsos y actitudes  hoscas  y triviales.

Todo ese tiempo vivió eligiendo el lado de la –“ilusión”- aunque mas tarde, ya grande, entendería que la ilusión es muy bonita… pero engaña, es evasiva, es pura creación y llena de fantasía que la alejaba de la realidad… una quimera…!

De pronto una voz logró sacarla de su ensimismamiento.

Ana,  – dijo su padre…   descendé  ya del vagón …nos vamos-

38 respuestas a «Encuentros»

  1. Es viernes y creo que es hora de la votación. Voy a hacer un podio, con 1°, 2° y 3°, según mi humilde parecer. Ha sido difícil, lo confieso, pero al fin me decidí:
    1° Puesto: Piedra Libre!!!
    2° Puesto: Silvita
    3° Puesto: Amapola No Está Sola

    Mención Especial: Reencuentro (Dildo)

  2. Que difícil que esta la votación!!! primero que nada agradecer a todos, son hermosos relatos, muy sensibles, varios han dejado su alma.
    Me decidí por el numero 14 , La niña del anden. Una exquisita descripción con un viaje en el tiempo.
    Y quiero hacer una especial mención al :
    12.- piedra libre, muy original y re tierno 9-Encuentro, conmovedor y valiente y al 4- el retorno siempre es diferente al soñado, muy asertivo.

  3. Están muy buenos todos los cuentos, me decido por el número Doce, Piedra Libre, es muy hermoso, luego si se puede voto por el número once, Extraños en la Noche, me sentí identificado, gracias y siguen así.

  4. Complicadisimo votar un solo relato. Me gustaría dar votos a cada parrafo de diferentes relatos que me han puesto el vello de punta, de esa manera sería mucho más justo. Pero si mi vara de medir esta basada por la mayor intensidad y duración de una emoción, votaré por 3. NOSTALGIA. Ese amor platonico, idilico, a fuego lento, con un oceano y un fatal destino entre medias, que siega de golpe y porrazo lo que debería haber sido un amor sin más.

  5. Si bien todos los relatos tienen su esplendor, el relato de encuentro (9) llega a mi con un sentimiento familiar y muchos recuerdos, así que mi voto va para el.

  6. Buenos dias , ayer me llego el enlace de este blog o pagina que brinda la posibilidad de liberar la palabra a traves de la escritura de relatos y reflexiones. Felicito a todos los valientes que escriben , en proximas propuestas me animare. Toso los relatos muy interesantes y diversos.
    Por otra parte, elijo el relato 9 de encuentro porque cuando lo lei me invadio una emocion , fue el que mas me toco el alma.
    A las creadoras del blog, me interesaria recibir informacion.

  7. Hola!! !! Voto por el 9 Encuentro. Es una historia movilizante y escrita de manera muy bella.
    Gracias por los hermosos relatos q nos comparten

  8. Es increíble el caudal y la riqueza literaria que hay en cada cuento, lo que hace muy difícil elegir uno porque en todos recojo experiencias vividas y movilizan mis emociones. Pero mi voto es para el que me ha dejado mucho tiempo trasladando mi mente en busca del escenario que motivó a la escritora tremendo relato impresionable y sensible, el número 9 – Encuentro – De hecho lo he leído reiteradamente buscando interpretar el ambiente, la atmósfera y sobre todo la circunstancia que lo hizo posible. Felicitaciones a todos…!!!

  9. La verdad que votar por uno es una picardía, qué difícil dejar afuera creaciones escritas con el corazón y con el buen uso de la palabra!
    En esta oportunidad doy mi voto para el número 13

  10. Una maravilla de experiencia sumergirse en la lectura de estos 14 relatos, 14 regalos. Muchas gracias a quienes nos los habéis compartido.
    ¡Y vaya desafío emitir un único voto! Vamos, que es tal el reto que, con mucho, mucho empeño, lo he dejado en una terna. Porque todos, absolutamente todos, me han movido algo.

    4: “El retorno siempre es diferente al soñado”. Me ha impactado por su honesta descripción del desarraigo al que muchas personas se exponen y sufren por salir adelante, del sentimiento interior y profundo de derrota al enfrentar realidad vs expectativas y el desgarro personal frente a las despedidas de aquellos que más nos marcaron.

    3. “Nostalgia”. Evocación maravillosa de otras edades, con otros ritmos, con otra forma de tejer los sueños…

    13. “Silvita”. Intímisima elegía y personalísima oda a la Amistad, esa con mayúsculas.

    Y ya sé que he dicho 3, pero “Amapola no está sola” (10) me ha resultado tremendamente original.

    Gracias de nuevo.

  11. Gran calidad literaria la de este grupo. Enhorabuena a los participantes!! habéis construido unos relatos extremadamente conmovedores y muy bonitos.
    Voto por «Amapola no está sola» que me ha divertido mucho

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